#File_tone: el salvaje circo de la imagen

“¿Se refugia la literatura en el circo? Tantas batallas va perdiendo en el teatro que no sería extraño verla el mejor día preferir al tablado y las candilejas, la pista y los arcos voltaicos.”

Enrique Díaz Canedo, El SOL

No voy a decir que cada vez hay más libros y menos literatura porque suena catastrofista, maniqueo y bastante carca, como eso de que el libro electrónico va a acabar con el tacto del papel o que Twitter y Facebook nos hacen hablar cada vez peor. Apocalípticos e integristas aparte, últimamente me cuesta encontrar ese ingrediente que de vez en cuando me mantiene días callada mientras cabeza y cuerpo intentan recolocarse.

El miércoles fui al circo. Y tengo que darle la razón a la cita. Los de Subliminati Corporation proponen, en principio, un divertimento a base de rutinas, saltos, contorsiones y malabares para un espectáculo que toma como referente los últimos diez años. O los diez primeros de un siglo de hombres-máquina, hombres maniquí y hombres despojo. Parece inocuo. De tan multicultural su procedencia parece el comienzo de un chiste. Esto van un catalán, un italiano, un coreano, un francés y un vasco y…. Parece también un chiste o un prodigio de la hermandad transeuropea hasta que salta la chispa. Ella no es mi hermana, es blanca. Mi presidente se maquilla. Europa es una puta enferma. Esto no parece circo.

Empieza el baile. Baile eléctrico de cuerpos retorcidos en metáforas y sombras, borracheras y palizas. De sombreros que conspiran obra y gracia del magnífico Lorenzo Mastropiero. De posiciones imposibles que se alzan en una mesa o en el suelo. La turbia sensación de hermanamiento en una fiesta que se disipa como en un mal sueño. Nos devuelven las imágenes que pueblan las pantallas de nuestro día a día envueltas en beatbox y mala leche. Todo se vende, todo se compra, todo es susceptible de convertirse en espectáculo. Las figuras de la diplomacia mediática (ahí están Barack, Berlusconi, hasta Dalai Lama o Carla Bruni) que se clavan unos a otros reverencias y sonrisas. Tan filosas como el puñal con el que baila el coreano Yeojin Yun en una de las secuencias más plásticas y descorazonadoras de un montaje atravesado por ironía deletérea. Llega un momento en que te das cuenta de que la butaca vibra. Ahí es donde empiezas a cuestionarte qué somos. A dónde hemos llegado y a dónde podemos llegar. La risa se congela en el clímax de la gamberrada cruel. Sin un momento de descanso. File_Tone es, pese a las irregularidades de ritmo y de limpieza visual en las secuencias, un perfecto reflejo dinámico del caos.

Hoy es el último día. Corran, si pueden, al Price. Disfruten de casi hora y media de literatura.

Sólo era cuestión de formato.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

2 Responses to #File_tone: el salvaje circo de la imagen

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