Freshly Squeezed: la prueba definitiva.

Parece que, desde aquella teacher natural de Móstoles o de Moralzarzal que nos enseñaba los usos del verbo to be hasta que decidimos largarnos del país a huir de los españoles y a torturar a los extranjeros con nuestro acento infame, nos pasamos media vida o más aplicándonos con el inglés.

Vemos series y películas (a veces hasta nos atrevemos a quitarle los subtítulos), hacemos intercambios periódicos con nativos que a veces tienen menos idea de su propia cultura que la que tenemos nosotros de la suya (-Have you ever seen Blade Runner? -Sorry?*), nos descargamos podcasts, leemos novelas, cómics y hasta el Times por Internet. Pero a la hora de hacer coñas nos quedamos cortados.

No sé ustedes, pero a mí esto que han elegido como lingua franca, aunque no me desagrada, me sigue despertando una especie de inseguridad cuando tengo que expresarme en ella. Como si en una reunión muy concurrida se me hubiera olvidado ponerme el sujetador y creyera que todo el mundo se iba a dar cuenta.

En realidad son más guapos.

Y me percaté de que nada de eso tenía importancia cuando fui el otro día por primera vez a Freshly Squeezed. El equipo de cómicos, cada uno de una punta del mundo angloparlante, presentan un show divertidísimo repartido entre el standup y los juegos de improvisación en los que es imposible no doblarse de risa  sobre la pinta que te sirven con la entrada. Porque son muy buenos. De hecho, son mejores que cualquier standup que podría verse en N.Y. por la sencilla razón de que no estamos en Nueva York sino en el corazón del barrio más gambitero de Madrid. Dan Feist, Dáire McGill, Just Shaun, Kelsey Caine y el simpatiquísimo Toni Rodríguez son, cada uno en su estilo, certeros en sus monólogos,  ingeniosos en las descacharrantes impros y, sobre todo, unos auténticos expertos en ese arte tan complicado que es hacer reír a la gente. Y no hace falta tener un certificado del Muzzy College para que lo consigan con creces y te hagan desear volver por lo menos un par de veces más.

Porque cada show es completamente diferente. Las impros  dependen  de la inventiva y la mala leche de un público entregado y heterogéneo que suele juntar a guiris, a españoles que se sienten un poco guiris y sobre todo, a amigos. A amigos que se carcajean sobre una pinta de cerveza. Jaja o Haha. O ambas. Qué más da. Estén atentos a los siguientes.

Cheers!!

*anécdota verídica y, sobre todo, muy triste.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

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