Adiós 2012

Era el primer día del 2013 y me eché a llorar.

La noche anterior, la cuenta atrás de las camareras del BC encaramadas a la barra, los crackers estallando al unísono en un jolgorio de serpentinas, el champán escanciado en nuestras bocas, la nieve, la música tan horrorosa como en cualquier bar español en esa noche del año hasta que alguien pinchó el Pure Morning de Placebo, el humo, las risas, la gente dispersándose a partir de las dos como si hubieran tocado a queda.  Era el primer día del año y parecía un día normal. Al final ha sido otra noche cualquiera. Fuimos a comer Huo Guo y fue como volver a jugar a las cocinitas en la mesa de un restaurante: nos trajeron la cacerola con la carne y los platillos con todos los ingredientes que habíamos elegido finamente cortados y tan bonitos que daba pena tocarlos, y cuando desaparecieron casi todos los trozos de pollo, la camarera añadió la sopa para que fuéramos cocinando las setas, los fideos, la calabaza y las mil cosas más que se iban tiñendo de color picante. Aún nos quedaban ganas de cerveza.

No está mal para el primer día del año, pensé mientras dejábamos caer la tarde delante de una película. Empiezo a tener colegas, empiezo a vivir aquí, acabo de llegar, estoy trabajando, estoy en China, parece que estamos viviendo los que vivimos aquí una especie de distopía futurista que va siete horas por delante del mundo conocido y un siglo perdido en algún pliegue temporal extraño donde hay pantallas y luces de neón y la noche es silencio, mis amigos me dicen aquí puedes ser lo que quieras, tengo miedo del futuro, empiezan muchas cosas, no tengo un kuai partido por la mitad, está todo por venir, no sé, no sé.

Entonces me eché a llorar.

Coco me miró, curiosa, desde el borde de la cama en la que había estado saltando como una niña espigada que encuentra exóticas las palabras en inglés, ladeó la cabeza, me acercó un pañuelo. Echas de menos a tu familia, preguntó, musical ella.

Joder, lo siento. Son hormonas. Creo.

Nah, no es eso, no es sólo eso. A ver cómo le explico que este 2012, y sin haber pensado realmente que alguna vez pudiera ocurrir, acabé la carrera, conocí y terminé de conocer a los que considero ya un puñado de verdaderos amigos, me vine a vivir aquí sola, empecé a trabajar y me enamoré, no necesariamente por ese orden.

Bob también meneó la cabeza. Sonrió un poco.

Que ya se ha acabado la universidad para siempre, ¿no?

Entonces fui yo la que cambió lágrimas por carcajadas.

Anda que no lo sabes, dije. Va, vamos a tomarnos un vino. Invito yo. Por el mejor huoguo que he comido en mi vida. Por los nuevos amigos. Por el nuevo comienzo. Por el año nuevo.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

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