De cómo un café cuesta lo mismo que diez minutos en taxi o Guía para no arruinarse en China (II)

Seguimos con el cambio de 1€= 8 yuanes, más o menos, y con las recomendaciones de lo que es caro y barato en China.

 

2. El transporte es tan barato que da risa

 

Será porque son muchos. Será porque ese comunismo consumista o ese consumismo comunista que se practica aquí sirve para algo, al contrario que en ese corrupto país que nos parió. Pero el caso es que el transporte público de las grandes ciudades chinas se mea en la boca del de mi país de origen. Y el que no es público también. Aunque tampoco era muy difícil.

 

El metro no sólo es más cómodo y más rápido, sino que además es más barato. Y en cada vagón hay pantallitas con dibujos animados que te dicen que no debes entrar fumando ni borracho al metro y que guardar cola es de personas civilizadas. También te cuentan a cuánto está el kilo de pescado, de col china o de chuletas y por qué es bueno comer rábano en invierno. Los asientos y los detalles del vagón son del color del número de la línea, para evitar confusiones, y los anuncios de cada estación están en chino (con pinyin) y en inglés.

 

El metro.

El metro, majos. 

Precio mínimo por trayecto: tres yuanes. Precio máximo (cuando te recorres una línea de metro entera, por ejemplo): diez yuanes.

Madrid, aprende.

 

 

El bus también está tirado. Entre dos yuanes, lo más habitual, y hasta cinco, según trayecto. No son tan rápidos, pero están muy limpios y te permiten practicar tu velocidad de reacción y tus reflejos a la hora de encontrar un asiento. Otro de los deportes locales preferidos que también tiene su liga en el metro es una variante del Twister que consiste en que cuando te vas a levantar del asiento porque llega tu parada, ya hay una pierna y medio culo que va ocupando tu lugar al tiempo que te levantas.

Los anuncios de las paradas también se hacen en chino y en un inglés que parece chino. Los letreros con las paradas, eso sí, en caracteres. Y también en el bus hay pantallas con las últimas noticias (a veces sale España y el paro, justo entre algún conflicto con islas remotas y un programa de bricolaje) y, en algunos, una señora cuyo único cometido es agitar una banderita por la ventanilla.

Para bus y metro (y para el ferry que cruza el Huangpu, 2 kuai el trayecto), se usa una tarjeta de transporte recargable que te ahorra colas en los dispensadores de billetes y para la que hay disponible en tiendas un amplio surtido de pegatinas kawaii  cubretarjetas que yo no he comprado ninguna qué va a mí me lo han contado.

Ahora viene la parte negativa. El metro cierra a las 22:30. Los últimos autobuses salen de cabeza de línea a las 22:00. Yyoquéhago.

 

Cuando no queda más remedio, hay que recurrir al taxi. Porque también es relativamente barato. 14 yuanes la bajada de bandera, 18 en tarifa nocturna. Como shanghainesa de los suburbios, vivo a cuarenta y cinco minutos en coche del centro de la ciudad, que en transporte público me puede llevar una hora. Un taxi hasta allí me sale a menos de quince euros, dependiendo de la zona en la que esté.

Cuando se está agotado y se ha hecho tarde, no es una mala opción: suelen ser amables, murmuran el nombre de tu calle como diciendo  “esto está a tomar por culo, nena” y a veces te dan conversación. Cuando no, tienes una pantalla táctil (sí, aquí les encantan las pantallas) en la que puedes enterarte de las últimas novedades en cosmética y chucherías.

 

 

Luego está el transporte jeta. En las paradas de autobús más coñazo y a las puertas de las universidades como la mía hay siempre aparcados varias furgonetas monovolumen de siete plazas convertibles en nueve o diez cuyos conductores anuncian a grito pelado que te llevan al metro o al intercambiador más cercano por cuatro veces menos de lo que te cuesta un taxi. Incluso, a veces, esperando a un taxi, desde un coche nos han preguntado a dónde vamos y que nos lleva, que le pilla de paso, cobrando menos que un taxi. Cuando sabes lo que cuesta un trayecto, es fácil regatear y aceptar el negocio.

Son coches sin licencia, claro, pero conducen infinitamente mejor que muchos taxistas, quizá porque son sus propios vehículos. A saber. El caso es que siempre han sido los taxistas con licencia los que han intentado esquilmarme pasta o darme vueltas estúpidas.

 

Resumiendo:  metro barato, buses baratos, taxis asumibles, coches negros amigables. Chapurreando chino se va a cualquier sitio y leyendo chino, aún más. Sin saber nada, también, pero se suele pagar un extra por laowaismo.

Y bueno, que con lo baratos que son los taxis, vamos a salir, que un día es un día…

 

 

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

One Response to De cómo un café cuesta lo mismo que diez minutos en taxi o Guía para no arruinarse en China (II)

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