¿Pero por qué han hecho esto así, diosmío?

Cuando estás preparando las clases, piensas que el esfuerzo que estás haciendo se traducirá en un perfecto entendimiento. Que tus alumnos asentirán sonrientes a cada diapositiva porque su competencia lingüística se va incrementando gracias a la fuerza motriz de una docente tan esforzada y solícita. Que las brillantes ideas que se te acaban de ocurrir para mandarles como deberes serán ejecutadas a la perfección, tal y como te imaginas; y que van a acatar tus actividades extraídas de TodoEle y demás blogs de enseñanza con actitud de vídeo promocional de universidad privada.

Los cojones.

En estos meses, veo cómo cuando les mando alguna que otra tarea me miran con una expresión de What The Fuck muy grande escrita en sus caritas de ojos rasgados.  O se me enredan en disquisiciones y circunloquios copiados directamente de Wikipedia. O, simplemente, no le ven el sentido a intercambiarse los asientos para hacer una actividad.

Y la que se siente más ridícula es la profe, claro. Muy ridícula.  Esto no salía en TodoEle. Qué hago. Y una sigue gesticulando con su mejor sonrisa mientras por dentro llora y patalea y grita ¿¡Pero por qué habéis hecho esto así, diosmío!?

A veces, simplemente, es que ellos no tienen ganas de trabajar. Y es que muchos de ellos, como me han confesado, pasan del tema y vienen a calentar el asiento. Por suerte, no son todos. Pero sí una parte importante y adormilada de mis alumnos, que han ido pasando de curso en gran medida gracias a que esta universidad es privada.

Que sí, que ya sé que dicen por ahí que los asiáticos son los mejores alumnos: pues hay de todo. Tienen cosas en común: miran fijamente al suelo cuando les pregunto, son obedientes aunque no se enteren de nada y si surge alguna palabra relacionada con el amor, se ríen o se dan codazos.

Otras veces es que el ejercicio, por lo que sea, no funciona. Y punto. El sistema de enseñanza que han seguido desde niños es casi completamente distinto del mío, por no decir las concepciones de ésta. Y chocamos, claro. Y es perfectamente normal y la única solución es no dejar nunca de intentarlo.

Al final hay que pasarse a su terreno. Después de que todo chino que he conocido me haya preguntado cinco millones de veces si tengo QQ, me he abierto una cuenta, y otra en Weibo, las principales redes sociales chinas. Las uso para poder para poder pasarles materiales y deberes, preparar contenidos para que se los estudien antes de la clase (que sí, que esto existe) y también para cotillearles un poco las fotos y de paso, stalkeando un poquito, aprender chino y cultura popular en su forma más natural y espontánea. Ni que decir tiene que, por Internet, son mucho menos tímidos de lo que son en clase y hasta me ponen gifs kawaii cuando hablan conmigo.

Y que todas las nubes se disipan cuando, a la salida de clase, hablo con mis chicos de Mogwai y My Bloody Valentine. Cuando me recomiendan grupos de música y cómics. O cuando una alumna, de las más calladas de la clase, me cuenta por el chat que le gustaría ser escritora.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

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