Job [un]fair

Este fin de semana fui a una feria de trabajo para extranjeros que hicieron en Jing’an, uno de los barrios céntricos y de solera de Shanghai en la parte oeste del río (o sea, donde voy a vivir yo cuando tenga dinero).

Y fui no  porque no esté bien en la universidad, que aunque me paguen una mierda muy poco, ahorro un montón en alojamiento y hasta en comida para gastármelo luego en taxis; y no tengo intención de cambiarme, de momento. No hasta que pueda contarles a mis chicos chistes de vascos y que me entiendan.

Fui allí para curiosear, para conocer gente, para ver qué expectativas de trabajo tendría una filóloga  española en Shanghai y, bueno, también porque hacía muy buen día y me apetecía salir de casa.

El caso es que me planté en el salón del hotel cinco estrellas donde se celebraba la feria y, con los CV de Pierre Patán y el mío en la mochila, me di una vuelta por las cuatro filas de stands, a ver cuáles son los puestos más demandados en Shanghai por empresas, universidades y escuelas.

Ingeniero. Profesor de inglés nativo. Ingeniero. Profesor de inglés nativo. Realizador para la CCTV. Profesor de instituto bilingüe de inglés, preferentemente nativo. Profesor de guardería de inglés. Ingeniero. Profesor de… sí, lo han adivinado.

De aquí saco dos conclusiones. Una es que no me apetece cambiarme de nacionalidad o aprenderme las canciones de Magic English.  La otra es que esa noticia en la prensa que proclamaba a los cuatro vientos lo necesitados que están los profesores nativos de español en el mundo y sobre todo en China (ahora que es potencia, claro) me suena a una mentira tan grande como cualquiera de las que nos cuentan.  Y estoy por sacar una tercera conclusión, que es la de que los que hemos hecho una carrera de Humanidades no nos comemos una mierda en absolutamente ninguno de los países del mundo. Pero es que ya sabíamos todos dónde nos metíamos.

Con vistas a visitar otra feria de trabajo que se celebra en dos semanas, me consuela que una chica china con la que estuve hablando (ella intentando venderme un curso de HSK, yo intentando practicar mi pobre mandarín) me haya pedido el teléfono porque “hablo un poco español, quiero aprender más.”

Y yo juro y rejuro que nunca me había planteado el trabajo que tengo ahora, pero desde luego, me suena mejor que hacer cucamonas a niños en una lengua que no es la mía. Y creo que muchos angloparlantes nativos que he conocido aquí, graduados en Filosofía o Historia , están también un poco hasta las narices de Magic English. Pero a lo mejor es impresión mía.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

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