Apuntes sobre la universidad china

Ayer terminé de preparar los papeles para el Examen de Medio Semestre, lo que indica que mi estancia aquí se va acercando al final. O a la mitad. El caso es que me dio para pensar un poco, y comparar, con la enseñanza universitaria que he recibido yo, y aquí van algunos contrastes y diferencias que he notado en la universidad privada china donde enseño. La mayoría de ellas, por no decir todas, no me las ha explicado nadie.

  • La enseñanza se divide en semestres, no en cuatrimestres como la nuestra. Vale, esto no es especialmente raro, ya lo sé.
  • Las clases comienzan un 3 de septiembre y terminan un veintitantos de junio. Los exámenes se prolongan hasta principios de julio. Ni que decir tiene que empiezo a explicarme por qué en las clases no hay sistema de calefacción pero sí ventiladores.
  • El horario es mucho más temprano que el de España: las clases comienzan a las ocho de la mañana, y terminan a las cuatro de la tarde, con una pausa de ¡10:50! a 13:00 para comer. Hay clases por la tarde, y a los de primero, por lo que deduzco al verles de noche en las clases, les obligan a estudiar.
  • Por lo que sospecho,  los alumnos de primero están obligados a tomar parte en algún club deportivo (taekwondo, ping-pong, kárate, lo que sea). Además, tienen horas de deporte obligatorias como parte del programa de su carrera, sea la que sea, durante los dos primeros años.
  • Las clases duran ochenta minutos. Además, cada clase no se considera una clase, sino dos. El otro día, mi colega la profesora china decía que estaba muy cansada porque había dado “seis clases”. En el mismo tiempo que yo, que consideraba que había dado tres. No sabía si considerarla una superwoman o una esquizofrénica hasta que me lo explicaron.
  • Es perfectamente lícito desayunar en clase. Eso incluye baozis, huevos cocidos (que llevan dentro de una bolsa y pelan durante la clase), yogures para beber, tés, cafés, refrescos o una especie de bolas de tofu metidas en salsas variadas. Y no comen fideos porque eso ya es para la hora del almuerzo.
  • Los alumnos ven perfectamente normal sacar fotos con el móvil a la pizarra. Como todos llevan fundas de móvil muy chistosas, me lo paso divinamente cuando de pronto me saluda un Bob Esponja, un conejito o un oso gigantesco.
  • La mayoría ve perfectamente normal poner animaciones kawaii en los powerpoint de los trabajos de clase. Así, uno se puede encontrar con Batman bailando el Gangnam Style, ositos amorosos o cualquier cosa imaginable en una presentación sobre la Guerra Civil.
  • Los alumnos tienen que sentarse donde les está encomendado y no pueden cambiarse de sitio. Si les pido que se levanten, me van a mirar como si les hubiera pedido un doctorado.
  • Los alumnos tienen que pedir permiso para ir al baño. Cuando salen o entran, lo hacen muy deprisa, de puntillas y agachando la cabeza, como si eso les hiciera invisibles.
  • Clase que se pierde por puentes o fiestas nacionales, clase que se recupera. Eso significa que, para tener cuatro días de fiesta durante la semana, deberé trabajar sábado y domingo de esta semana y el domingo de la siguiente. Estamos todos con-ten-tí-si-mos.
  • Los alumnos deben tomar parte en todo sarao o actividad cultural que se organice, ya sea cantar, presentar una gala o hacer ver que son felices. Esto último puntúa más.
  • En cada semestre hay dos períodos de examen, el “medio” y el “final”. Ambos son tan oficiales y solemnes que semejan más  un examen de Selectividad: se realizan en las aulas más grandes, y deben dejar TODOS los abrigos, mochilas, etcétera, atrás. Y algunos se ponen tremendamente nerviosos, como si no llevaran tres años haciendo lo mismo.
  • Cada examen debe tener un equivalente de recuperación, llamado “papel C”, que será, por ley (os juro que me obligan) más fácil.
  • Los exámenes son sábanas pliegos tamaño A3, lo que los hace tremendamente difíciles de acarrear, corregir o simplemente pasar las páginas.
  • La calidad del papel es ideal para que se rompan con una mirada.
  • Se puntúa sobre 100 y la nota mínima para aprobar es 60. Adiós al cinco raspado.
  • Los alumnos suelen vegetar medio dormidos hasta que de pronto ven las orejas al lobo y entonces se muestran interesadísimos y solícitos.
  • Los alumnos pueden escribir cartas al profesor en las que le ruegan que le aprueben porque “nunca he suspendido” “si suspendo tengo que pagar la asignatura y no tengo dinero” (sic).

Con todo esto, ¿es verdad eso de que los chinos trabajan más? Pues no sé. Los habrá, claro, y tengo a algunos en clase que son un vivo ejemplo. Pero yo creo que a la mayoría más bien les obligan. Aunque mis alumnos de buena gana se pasarían el día viendo series, comprando por Internet o echándose siestas (en lo que ocupan gran parte de su tiempo libre los fines de semana), no les dejan hacerlo. Su sistema de enseñanza, y por tanto de concepción de la vida, es mucho menos flexible que el español, donde cualquier momento es bueno para el noble arte del escaqueo o para irse de puente en puente. Ojo, no digo que lo nuestro sea lo mejor. Solamente digo que, en aras de la eficiencia y las causas comunes, a veces todo me parece un tanto impostado, y cuesta sacar la personalidad y la creatividad de cada uno detrás de esa masa que es el grupo. Por no hablar de los exámenes, que parecen muy difíciles, pero al final resultan estar hechos para que absolutamente todos aprueben.

Como me dijo un profesor de inglés, “aquí no les gusta que los críos suspendan”. Los críos. Los críos están en edad universitaria, que para Europa y Estados Unidos es la edad mínima para todo lo que se considera adulto, ya sea conducir, beber o quedarte dormido un día de clase. Pero aquí parece que no. Que no les tratan como a adultos. Y ellos no están acostumbrados a que se les trate como tales. Si no les pides tarea no toman nota. Si no les pones nota numérica en las tareas, se la pasan por el forro. Dan grititos de sorpresa y paverío cuando aparece un desnudo aunque sea la Maja de Goya. Y me pregunto cuántos de ellos quieren realmente estudiar español, aunque yo vaya a cobrar igual. No sé cómo será en las universidades públicas chinas, si será igual o peor, pero si hay algo que me fastidia de la enseñanza universitaria, es ese control paternalista que todos sufrimos, desde los alumnos a los profesores, que todos toleramos y del que ellos parecen pensar que es perfectamente normal. Y eso es con diferencia lo que más me asusta.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

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