Güi güís yú a meri crismas

Es Nochebuena y me levanto a las siete y algo, como cualquier otro día. Aquí se trabaja y el espíritu es de todo menos navideño. Concretamente, el espíritu es de trabajar como un cabrón porque los exámenes finales empiezan el lunes 30 de diciembre y los profesores tenemos que tener terminado el papeleo antes del 27. Eso quiere decir que Nochebuena y Navidad, aparte de dar las clases, hemos de inventarnos sopotocientas mil preguntas de gramática, comprensión textual y conocimientos culturales básicos. Estamos todos contentísimos. Además, otro maravilloso incentivo de estas fechas es que los alumnos están hasta los cojones de atender mientras intentan calentarse el culo en una clase helada sin calefacción, por lo que bastante tienen con mirar al cuaderno, entibiarse las manos rodeando con ellas sus preciados termos o desayunar a mordisquitos mientras yo me dejo la piel de las manos en la pizarra. Al menos el portatizas que me regalaron mantiene perfecta la manicura de mis uñas.

Casi todos mis amigos se han ido a pasar las Navidades en familia. Aunque nunca he sido fan de los langostinos pochos ni de las temidas discusiones políticas que a veces se montan al calor del vino peleón que compra mi abuelo en Navalcarnero a cincuenta céntimos la garrafa, ni he participado de los tejemanejes a lo minion de mis tres primos pequeños (que cuando se ponen, parecen trescientos), pasar este día sola me parece directamente triste, quién me lo iba a decir. Hasta echo de menos los villancicos. No los villancicos en inglés, no. Los villancicos cutres, los de pandereta y voz pastosa, los de letras absurdas a ritmo de botella de anís del Mono. En estos días no necesito ni una excusa para arrancarme con La Marimorena, todo sea por transmitir cultura española en Extremo Oriente. Es Nochebuena y me voy a esquivar gorros de Papá Noel al centro. He quedado con Elsa, que en realidad se llama Tang, y con su compañera de piso colombiana para cenar en casa de Thomas, un francés. No se ha quedado mucha gente más. No tenemos árbol ni turrón, pero tenemos jamón de Parma, embutidos, queso azul, quesadillas, pizzas y más vino del que podemos beber. Y en nuestra mesa no se habla inglés: se habla chino. Mezclado con alguna que otra palabra en español, pero mandarín, imperfecto y más fluido a medida que vamos vaciando botellas de tinto sudafricano. Mandamos mensajes a los amigos, nos abrazamos, bailamos temazos de supermercado. Hasta cantamos Los peces en el río.  Total, nadie nos ve.

Image Hoy he ido a trabajar. No hemos hecho mucho, pero tampoco importa. Y me han hecho regalos. Una antigua alumna hasta me ha escrito una postal, con una gramática perfecta y una promesa de amistad sincera. Image   Qué quieren. A mí estas cosas me hacen ilusión. Feliz Navidad.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

One Response to Güi güís yú a meri crismas

  1. Ánimo, pasar estas fiestas fuera de casa, se hace duro.
    Feliz Navidad.

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