Mi extraña habilidad para acoplarme en casas ajenas

A quien me pregunta, le respondo que vivo en el lejano Pudong, pero la realidad es que en este año y pico he pasado la mitad de mis semanas viviendo en donde me han dejado: camas, colchones y sofás de diferentes amigos a los que les he inspirado la suficiente simpatía o pena como para cederme un pedacito de sus siempre envidiados pisos en el centro. Acarrear mochilas o maletas por autobuses y metros ha tenido su recompensa en forma de cerveza compartida bien fría, Netflix en compañía, innumerables conciertos y desayunos que a veces ya se juntan con la comida o la merienda, dependiendo de en qué casa me haya despertado… para que llegue la tarde del domingo y en casa del niño donde doy clase se piensen que cada fin de semana me voy por lo menos a Shangri-La.

Ahora llevo desde casi finales de diciembre atrincherada en casa de mi amigo Pablo, que me cedió la llave como regalo de Navidad mientras él está en España con la única promesa de no traerme tíos ni para jugar al Monopoly. Conozco bien el barrio porque llevo un semestre quedándome allí un finde sí y otro también, al menos en teoría. Por allí cerca hay un café donde trabajar, un Wagas para desayunar en días de resaca ligera, una tiendecita que vende Estrella Galicia, un bar gay que también organiza conciertos, tres de mis antrazos nocturnos favoritos, una de las pocas tiendas que conozco en Shanghai de ropa vintage y vinilos decentes y, estos días que se acercaba el año nuevo chino, sopotocientas pop-up stores de petardos.

Estoy de vacaciones hasta finales de febrero y no me apetece volverme a mi far-far Pudong a lo que en esta época parece un páramo sin más actividad que la megafonía de una furgoneta de papel higiénico. Seguramente esta semana vuelva a mudar mis cosas a casa de otra amiga. Y este semestre se avecina exactamente igual al primero: con una mochila bien grande a la espalda dando luz verde al fin de semana y una manta esperándome en un sofá de Jing’An, Jiaotong o Shaanxi Nan Lu, lista para escribir desde alguna cafetería del centro, hacer planes culturales decentes, encontrarme a conocidos en los bares o simplemente pasear por esas calles que no se acaban nunca mientras agradezco infinitamente los amigos tan maravillosos que tengo.

Mientras no me cobren el alquiler…

Anuncios

Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

3 Responses to Mi extraña habilidad para acoplarme en casas ajenas

  1. Nu te lo pasas mal por allá….

  2. María Kuiya says:

    De casa en en casa y tiro porque me toca.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: