Respira

Me gusta Shanghai por las mañanas, a eso de las diez y pico, cuando las calles huelen a agua de fregar y a moto eléctrica, cuando las ayis salen a comprar y manteles de verduras frescas rebosan las aceras; cuando salimos a desayunar y los currantes están ya almorzando y comemos shengjian mojándolos en vinagre mientras los obreros engullen fideos y sorben sopa, y Bob y yo hablamos de navegar por el mundo en una cáscara de nuez y de su negocio de jukeboxes y de la película que vimos anoche; me gusta la calma caótica de las mañanas, y se me olvida casi lo que echo de menos las tiendas de cómics.

Igual me mudo en tres semanas y no sé a dónde, me han llamado para otro curro, igual me quedo aquí en verano, igual me compro una bici, a que vas a diseñarme un tatuaje cuando tenga pasta, y entonces llegamos al entramado de varas verdes que forma un pabellón escondido entre los bambúes del parque, y es por la tarde y un anciano entona estrofas de ópera de Pekín sobre la melodía de un transistor, y nosotros nos sentamos en silencio y en penumbra, la luz se filtra por las celosías, el cantante saluda con un gesto a un amigo que llega. Sabes qué, le digo antes de llegar al prado donde estaremos un buen rato dándole al frisbee descalzos en la hierba recién cortada, me siento mucho, mucho mejor, y no tengo ni idea de por qué. 

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

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