El lado jodido de ser profe

Enseñar, a veces, es como una relación de pareja. Tú crees que todo va bien entre vosotros, que os lleváis bien. Pero luego resulta que no, que falta comunicación y que no gustas del todo. El problema es que en vez de decírtelo a ti, le dicen a tu jefe que quieren dejarte, los traidores. Y tú, el profe, te quedas con cara de idiota sintiéndote un maldito inútil.

Me la debería sudar: no es mi vocación, etcétera. Pero la putada es que es, ahora mismo, el único trabajo que me podría permitir quedarme aquí en verano. Y las quejas de una clase de A.1.1 (nivel “hola-qué tal-me llamo Pepe”) se convierten en un billete de vuelta a España más rápido de lo que se tarda en decir “hasta nunca”. Doxa Grey, profesora inútil. Doxa Grey, deportada por usar demasiado el libro Etapas del Español. Doxa Grey, en un avión rumbo Alcatraz de Henares por hablar demasiado deprisa. Doxa Grey, condenada al exilio por mandar demasiados ejercicios con el compañero…

La costumbre de quejarse al superior es una de las cosas que más me joden de la enseñanza aquí. En mi experiencia como alumna (que ha sido variada y, especialmente en el caso del aprendizaje del chino, con diferentes grados de aburrimiento) lo más que se me ha ocurrido ha sido practicar ese hábito tan español de criticar a las espaldas del docente con otros compañeros. No digo que sea mejor, que lo mejor sería hablar directamente con el profesor y comentarle los problemas. Pero que tire la primera piedra el que no haya rumiado durante semanas alguna tontería de su noviete pensando en cómo decírselo.

Reconozco que también es culpa mía. Igual que con una nueva pareja, nada es igual a las anteriores aunque haya patrones que se repitan, y pensar que esto va a ser arroz pegao es el error más grande que puedes cometer. Ese y el estar tan pendiente de seguir el programa que no te das cuenta de que sentados en esas sillas hay varias personitas que han pagado para que les enseñes cómo presentarse y a pronunciar correctamente “rojo” y “carretera”.

Mi superior, que es además colega y amigo, y yo les hemos dicho que me den otra oportunidad, que acabo de empezar con esto y que puedo cambiar. Lo hago por mi verano en esta sauna en que se ha convertido Shanghai, lo hago para no tomarme esta pequeña derrota como un motivo de vergüenza y también para demostrarles que, efectivamente, les puedo enseñar esta lengua tan bonita para las palabrotas como cualquier otro docente. Y creo que eso es bastante más de lo que he hecho por cualquier relación.

Menos mal que mi aplicada Violeta, la de la particular de los viernes, y Betty, con la que hago intercambio chino-español, me quieren tal como soy.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

3 Responses to El lado jodido de ser profe

  1. Si yo fuera allí te perseguiría por todo Shanghai para que fueras tú la persona de quien recibir unas clases. El español para ellos es una lengua muy distante y creo que muchas veces su frustración a la hora de aprender una lengua la vuelcan en el profesor. Es más fácil que culparse a uno mismo, de reconocerse que el reto de dominar otra lengua lleva su tiempo y dedicación y que tal vez no tenemos toda la paciencia que se necesita para soltar un hola-qué-tal-me-llamo-Pepe. Probablemente no se quieren confesar torpes y te acusan a ti de no ser buena profesora. Y a veces no hay mayor confesión sobre nuestra inutilidad que esa. Sin piedad, Doxa Grey, que este verano no te vea el pelo por aquí.

  2. Hache says:

    Cuando estuve en la universidad de Kobe dirigiendo unos entremeses de Cervantes a unos alumnos japoneses, se me rebelaron unos cuantos. ¡Alumnos japoneses rebelándose a un profesor! Sí, lo conseguí. Es una hazaña que debería poner en mi currículum. Me llegaron a decir a la cara que lo que yo hacía no estaba bien, que ellos hacían teatro para japoneses y que la visión occidental no tenía nada que ver en todo eso. Y yo solo quería explicarles que el lenguaje de los entremeses está lleno de juegos de palabras picantes. Y se me rebelaron muchísimo. Así que yo lo resolví como han querido resolverlo tus alumnos: amenazando con ir a mis superiores. Les dije: “supongo que eso no seríais capaces de decírle algo así al rector de la Universidad, que es quien ha pagado para que yo venga desde España a ayudaros. Pero no os preocupéis, que ya voy yo a decírselo”.

    Jamás un motín fue sofocado en tan poco tiempo.

    Un abrazo fuerte desde Canadá. Verás como todo irá de maravilla.

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