El 17 cubierto de hiedra

Shanghai no se detiene ni duerme y no nos da tiempo a echar de menos, y cuando dicen adiós los amigos parecen decir hasta luego. Cuando te despides, cuando les abrazas quién sabe si por última vez después de una semana de celebración de despedidas, parece que mañana vas a cruzarte con ellos por la calle. Parece que el fin de semana que viene os vais a encontrar en ese mismo bar en el que os habéis deseado buena suerte.

Pero entonces paso por el callejón donde vivía Nick, ese 17 cubierto de hiedra donde bebimos tantas noches. Y da la sensación de que le voy a ver salir de casa, sus pasos rápidos, cuerpo breve, ojos azules, y pienso que en el abrazo que nos dimos no estaba ese adiós que nunca llegamos a decirnos.

Paso por la calle Yongkang, donde vivía Marina y donde dejé mi maleta de la rueda rota más de una semana, y parece que me está esperando junto a la tienda, la sonrisa dulce, la bufanda (ya es verano y aun así me la imagino con bufanda), y odio las despedidas y prefiero recordarla así, acompañándome a la esquina de Yongkang con Xiangyang a encontrarme un taxi, yo cargada con cosas que me regaló y que ahora uso porque es una forma de sentirla cerca.

Camino por el barrio de Hongkou, o voy al antiguo matadero, y pienso que Paula trabajaba allí, y recuerdo la Torre de la Perla desde el ventanal, la bañera llena de Tsingtaos, cómo aprendió más italiano que mandarín, los conciertos, los mitos nocturnos, las promesas y la rabia de no habernos conocido antes.

No volveré a Fudan porque está lejos y porque si cierro los ojos veo el hielo amable de los suyos, le veo haciendo equilibrios en el parque de mañana, o las nubes que mirábamos aquella mañana en su terraza entre los restos de la noche en que se nos ocurrió conocernos.

Y también Xavi y Laia. Y Viktor. Y Guy. Y Marcos. Y todos los que se volvieron y dejaron su impronta en una ciudad que nos borra las huellas y nos emborrona los rostros.

Algunos se van y otros vienen y siempre nos conocemos demasiado tarde. Pero mi ciudad les recuerda. Tengo la esperanza de que ellos también. Quién sabe, quizá algún día raro a alguno le dé por volver.

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Acerca de Doxa Grey
Intrusismo freelance.

One Response to El 17 cubierto de hiedra

  1. KiLKeR says:

    Cierto que siempre nos conocemos demasiado tarde!

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