Cerrado en días de tifón

La mayoría venimos solos a Hong Kong. Venimos por visado, por trabajo, por vacaciones, porque sí. Paseamos por la ciudad que huele a sal, a plástico húmedo, a vapor y a comida hindú y que suena suave, a canción monótona de hoteles, metros y semáforos en verde y en rojo a los que todo el mundo hace caso. Esquivamos los fogonazos rojos de los taxis, los autobuses de dos pisos, los tranvías. Nos colamos en las azoteas y bebemos y hablamos y buscamos el calor de nuestros cuerpos en la penumbra fresca de los cuartos compartidos, entre ronquidos, toses y alguna que otra queja envidiosa adormilada, y compartimos historias que nos pasaron hace tiempo o que pasaron a otros pero hicimos nuestras con el tiempo, y lanzamos nuestras fotos al vacío, una cerveza demasiado cara frente a los rascacielos, breves compañeros de viaje, diez cuerdas enlazadas en el muelle que varios valientes cruzan a brincos y a pasos vacilantes, música a la brisa salada del puerto; y seguimos buscando en caminos poco transitados, en playas desiertas, en las escaleras mecánicas más largas del mundo o en ventanales a cien pisos sobre el agua esa historia que, algún día, contaremos a otros extraños mientras adivinamos cartas al azar y bebemos latas de birra extranjera, sabes, pues a mí una vez, en Hong Kong, me pasó que.

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Haciendo radio

Entre las muchas cosas que hice este verano, una fue ir con Pedro Toro a SER Henares para hablar sobre cosas chinas. Sólo teníamos veinte minutos así que nos liamos bastante y escupimos muchos nombres por minuto, pero creo que más o menos se nos entiende.

Yo no los he escuchado porque mi voz grabada me pone nerviosa, pero podéis descargar aquí los podcasts:

Rock en China*:

Donde nos pisamos hablando de bandas (expats y locales) que intentan hacerse un hueco, del sello Genjing Records y de la aún escasa escena independiente china.

http://www.ivoox.com/dtup-el-rock-chino-ese-gran-desconocido_md_2257657_1.mp3″ Ir a descargar

Cine en China: 

Donde desisto de convencer a Pedro Toro de lo guay que es Wong Kar-wai y mencionamos un par de títulos curiosones.

http://www.ivoox.com/dtup-cine-china_md_2334141_1.mp3″ Ir a descargar

 

¡Disfruten!

* Confieso que me colé (nerviosa, el directo, mi voz tiembla, cacareo, digo cosas sin sentido, babeo el micro, podría haber sido peor). Dear Eloise (亲爱的艾洛伊丝), el grupo pekinés del que hablo, sí que hacen conciertos… aunque no he tenido la oportunidad de verlos nunca. Y rabia que me da.

Fin del mundo a toda vela (II)

Es el último viernes antes del fin del mundo y lo estamos pasando en medio del monte, en un hostel con encanto. Con encanto de verdad, y eso es difícil en la tierra donde o las cosas son horteras o pijas, sin término medio. Dragones, dorados, brillantes svarovski, neveras en el salón, ya saben de qué hablo. Esto no. Esto es todo madera, luces bajas y rusticismo medido al milímetro. Justo al lado del complejo destinado a jóvenes mochileros hay un hotelito para recién casados, un apartamento que parece haber diseñado el tataranieto de Gaudí un día que se lió a romper tazas y un perfil orgulloso de bergantín pirata.

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Antes de salir  rumbo gintonic, irrumpen alegremente tres jovenzuelos con toda la pinta de ser los últimos elegidos para equipos en una clase de gimnasia. Dos chicos y una chica. Ella nos mira. Parpadea. Sonríe. Se dirige a nosotras con un acento entrenado probablemente en todos los English corner de su ciudad. Lo mismo es de la mía, vete tú a saber.

-So, where do you girls come from?
Elena y yo ya no nos miramos. No lo necesitamos. Ya estamos curtidas en esto.

-Xibanya, decimos al unísono con la misma sonrisa encantadora, y nos escabullimos por el espacio que han dejado todas sus pretensiones de practicar inglés con extranjeros. Pareceremos tontas con nuestro acento infame y nuestra gramática balbuciente, pero nos da igual:  nosotras también queremos practicar chino. Y para eso, el único camino posible es negar que hablas la que parece una maldita koiné.
This is for you, nos dice, ya en el bar pirata, el músico lampiño al que ya hemos bautizado automáticamente como Nacho Vegas solamente porque nadie puede entendernos ni oírnos, y susurrando para el cuello de su forro polar (no vaya a ser que coja frío), se arranca con Hotel California. No se bajan del burro: de la misma forma que para un dueño de bar Manolo un chino es un chino sea de Vietnam, Corea o Mongolia Interior, nosotras nacimos con acento del Mississipi y punto. Pero le agradecemos el regalo con una sonrisa y ladeamos la cabeza para escuchar mejor.

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Bebiendo té.

 

Somos las únicas occidentales en todo el café, pero no arrancamos más miradas que de curiosidad. Se disculpan en inglés cuando nos rozan con la silla y esbozamos un “no pasa nada hombre” en mandarín. Bebemos cerveza y gintonics en vasitos de muñecas mientras a nuestro alrededor revolotean chicos y chicas ataviados con gorros de Santa Claus que celebran una fiesta con pruebas y regalos. Alborozo general cuando a una de las féminas le toca, ohdiosmío, dar un beso en la mejilla al colega de al lado.

Uno de los amigos del músico, después de pasar cuarenta sillas por delante de nosotras, termina invitándose a una ronda, por las molestias. Es animador, qué gracia, animación se dice dong hua, dong de movimiento y hua de pintar, claro, qué lógicos, maldita sea… Todos quieren hablar con nosotras, todo sonrisas y cortesía. Escriben sus nombres en servilletas y postales gratuitas. Nos intercambiamos los teléfonos, ya por costumbre que porque realmente vayamos a usarlos alguna vez, casi me da vergüenza sacar el mío, un walkie talkie que compré en Beijing hace dos años por necesidad y que requiere que pulse las teclas con más fuerza que si tocara, también, una guitarra testaruda.

A la novia de uno de ellos, cabecita ladeada, todo mohínes, no parece hacerle mucha gracia todo el tinglado y les arrastra de allí con esa fuerza infantil que sólo saben sacar algunas mujeres adultas.

Ya solas, Elena y yo hablamos hasta que nos cierran el barco. Hablamos de lo seguras que nos sentimos aun yendo solas por ahí, de noche. Hablamos de lo jodido que es vivir en una parte del país al que no se le permite la calefacción central. Hablamos de la gente tan distinta que se conoce viajando. Hablamos de la naturalidad y la camaradería que reinan en estos reductos de jóvenes, curiosos y cultos y hasta atrevidos cuando se ven con confianza, y hablamos de que nos gusta estar ahí, lo que nos gusta haber roto la rutina con nuestras respectivas ciudades y haber venido hasta aquí a beber cerveza y gintonics, y a hacer a fin de cuentas lo mismo que todos esos chavales que juegan a los besos y ríen y aplauden los platos de fruta decorada y hablan con excitación de la belleza del lago del Oeste:  disfrutar de la vida. Nada más. Y nada menos.

El congreso de Nanjing

Pues esto es el cartel del eventomamáAA.

Envié mi propuesta como envío todo: con desgana y hartazgo y pocas horas antes del deadline (lo siento, me gusta más esa palabra que la perífrasis en castellano. Porque sí). Horas después, me decían que estaba dentro. Eso pasó hace varios meses, cuando ya sabía que me iba a China y que Nanjing estaba como a una hora de tren.

Ahora, con el billete comprado y la maleta, como siempre, a medio hacer, me empiezo a dar cuenta de que esto va en serio.

Dentro de dos días estaré en el congreso Semio 2012 en la Nanjing Normal University, en una mesa redonda sobre literatura y espectáculo. Mi ponencia, de quince minutos si no me echan antes,  se titula  Fdez. & Fdez: Postpoesía y Afterpop, y hablaré precisamente de eso, de ellos dos, del trabajo conjunto de Agustín Fernández Mallo y de Eloy Fernández Porta.

Añadiría algo más pero es que me está entrando la risa tonta.

Joder, qué nervios.

Fai un sol de carallo (y la maleta sin hacer)


Tras una escapada de menos de setenta y dos horas a Oporto (benditas noches a veinte grados), vuelvo a marcharme.

Durante estos días de canícula en Madrid, me ha dado tiempo a conocer muchos funcionarios, a hacer muchos transbordos de tren y a cagarme en la puta madre que parió a las obras en verano y a la burocracia internacional. Mientras cruzo los dedos y espero que todo el papeleo vaya bien (porque falta otro viaje, el grande, el que me trae de cabeza) preparo una maleta de cabina tamaño avión de Playmobil para pasar dos semanas en tierra consorte.

Digo tierra consorte porque yo no soy de allí. Aunque se me pegue el acento a los dos días, aún me hacen gracia las gaviotas, el albariño me pega demasiado a la cabeza y mejor no hablamos de lo que me pasa con el licor café.

Nunca apuesto por nada ni por nadie pero lloré como una imbécil cuando en Galicia llovió ceniza. Cuando vi caerse casi ante mí un árbol envuelto en llamas y supe que aquel paraíso de andar por casa no iba a volver a ser el mismo.

Pronto me mudo a un maremágnum de rascacielos, cemento y cristal, pero de momento, al menos estas dos semanas, nadie va a quitarme el aire húmedo de los veranos de mi infancia. Nadie va a quitarme el triunfo de nadar a mariposa en las playas reservadas a valientes, ni las vistas, ni el viento, ni la lluvia de la que sólo me quejo en Madrid.

Santiago. Vigo. Cambados. A Coruña y el Viñetas con saraos y amigos varios.

Ah, y la acampada.

Porque me voy de acampada sin tienda ni saco pero con muchas ganas de ver a Tito & Tarantula, Mad Sin, Calle 13 (sí, me han leído bien), y no pongo que voy a ver a Las Grecas o a Cañita Brava porque todavía no me creo que hayan reunido ese cartel.

Qué quieren que les diga. A los grupos de modernos es mucho más fácil reunirles. Esto, como alguna que otra playa del Atlántico, es para valientes. Brincadeira here we go.

Con suerte todo se habrá arreglado cuando aterrice maltrecha en Madrid, pero entre medias quedan unos días de remojarse los pies. Aunque luego pida que me los amputen a la altura del tobillo. Benditas aguas de valientes.

Hasta la vuelta.

Mamá, me besó una chica

Mireia Pérez es una chica encantadora. Sonríe, cocina, medita y hasta da besos  a sus amigas.Pero ahora tiene un nuevo proyecto en mente.

Temblad.

Antes de que a final de año nos descuelgue la mandíbula del todo, podemos ir abriendo boca con el desglose de su proceso creativo en el blog de ¡Caramba!.

Estaremos bien atentos, pero intentaremos no molestarla.

Por lo que pueda pasar.

Instrucciones para…

Me han regalado un IPad. Eso viene a significar que he recibido el Reloj, la bola de hierro del preso de los tebeos, el IPod de AFM (un día muy extraño le hice firmar sus instrucciones, las de mío).

Para con el Ipad, una vez recibido, estoy obligada a mantenerlo, a darle cuerda, a llevármelo conmigo, a cederle una parte (texto, imagen,videos y gorjeos) de mi tiempo, de mi vida.

Me han regalado a un IPad. Y  qué quieren que les diga. Yo estoy encantada.