Dosmilcatorce

Al 2014 le pido un trabajo de verdad, un piso en el centro y unas cortinas bonitas.

Le pido conservar a mis amigos, que no sustituyan mis bares favoritos por restaurantes de estilo industrial y un festival de música en Japón o en Corea. Le pido aprobar con nota el HSK 5 y ese título de inglés que siempre dejo para pasado mañana. Le pido que no se separen mis grupos preferidos, que no se muera ninguna figura más de la juventud musical de mi padre, que mis amigas chinas se dejen de mandangas con eso de encontrar novio o marido, que Arcade Fire pasen por Asia, una cámara de fotos nueva y un par de vestidos y sombreros de otras épocas. Le pido aprender el dialecto local, más libros y cómics, seguir teniendo a Beijing como a un colega al que visitar siempre y que a mis alumnos les quede claro que España no es sólo toros, flamenco y paella. Le pido seguir con el KanKan Filmforum y con los proyectos para Inkside. Al 2014 le pido viajar muchas veces y sólo unas pocas sola. Al 2014 le pido estar viva, estar bien y poder dejar de pedirles dinero a mis padres. Le pido más ganas de retomar el piano, una cuerda floja, cumplir mis sueños y una primavera temprana.

Al 2014 le pido Shanghai.

Ya veremos. Feliz año nuevo.

Confesables propósitos para el 2013

Es domingo. El segundo domingo del año. Y yo con estos (impecablemente cortados en bob por mi peluquero favorito de mi chinísimo barrio) pelos. Otros años, a estas alturas, ya me habría hecho una lista de libros que leer, películas que ver y discos que escuchar  conciertos y festivales en los que morir y dejarme los ahorros. Posiblemente, ya tendría alguna entrada comprada al calor de mi hogar con calefacción central, padres amantísimos y colegas permanentemente online obra y gracia de la falta de trabajo, oficio y beneficio de nuestro país. Bueno, pues este año no.

En fin. Sigo los consejos de Norma Jean Magazine (uno de los mejores descubrimientos de esta semana) para mi lista del 2013. Dejo fuera los libros, las películas, lo de ser mejor persona y lo de ahorrar. Aquí vamos.

  • Enviar muchas cartas y muchas postales que para eso voy acumulando en un cajón fotografías de chicas con qipao, armoniosas pagodas y gatitos y ahí están, desbordándose y recordándome lo poco detallista que soy.

  • Tomar un barco, preferentemente rumbo Japón. Preferentemente, no un barco mercante ni un buque de guerra.
  • Probar, al menos, una de las principales artes marciales.
  • Volver a Pekín, aunque sea por saludar.
  • Aprender a manejarme en QQ y en Weibo  casi como mis alumnos, o al menos, casi como dicen que se maneja el otro profesor español que me cae tan bien.
  • Aprender a comprar por Taobao y no dejarme tentar por miradas como éstas:

    -Atrás, Supremo Señor Kawaii!

    (Bueno, sólo un poco).

  • Conseguir llegar a un nivel de mandarín que me permita, bien que mal, el cotilleo y las cosas de chicas.
  • Volver a posar.
  • Pisar un karaoke con intención de cantar. Con intención de petarlo. Me dirán que estoy en el país adecuado. Quien quiera verlo, que se venga porque yo esa noche me dejaré la cámara sin batería. Huy, qué pena.

Son sólo algunos. Otros, que tienen nombres propios (Inspiriarte, ETDK9th, Libro de Notas y unos cuantos más), por suerte y con todo mi orgullo, no son propósitos, son hechos. Más los que están por venir.

Claro que ya puestos, también me gustaría cenar en lo alto de la Perla de Oriente, visitar el parque de atracciones más grande del mundo y quedarme en Asia hasta que consiga aborrecer el sushi.

Ya veremos.

Adiós 2012

Era el primer día del 2013 y me eché a llorar.

La noche anterior, la cuenta atrás de las camareras del BC encaramadas a la barra, los crackers estallando al unísono en un jolgorio de serpentinas, el champán escanciado en nuestras bocas, la nieve, la música tan horrorosa como en cualquier bar español en esa noche del año hasta que alguien pinchó el Pure Morning de Placebo, el humo, las risas, la gente dispersándose a partir de las dos como si hubieran tocado a queda.  Era el primer día del año y parecía un día normal. Al final ha sido otra noche cualquiera. Fuimos a comer Huo Guo y fue como volver a jugar a las cocinitas en la mesa de un restaurante: nos trajeron la cacerola con la carne y los platillos con todos los ingredientes que habíamos elegido finamente cortados y tan bonitos que daba pena tocarlos, y cuando desaparecieron casi todos los trozos de pollo, la camarera añadió la sopa para que fuéramos cocinando las setas, los fideos, la calabaza y las mil cosas más que se iban tiñendo de color picante. Aún nos quedaban ganas de cerveza.

No está mal para el primer día del año, pensé mientras dejábamos caer la tarde delante de una película. Empiezo a tener colegas, empiezo a vivir aquí, acabo de llegar, estoy trabajando, estoy en China, parece que estamos viviendo los que vivimos aquí una especie de distopía futurista que va siete horas por delante del mundo conocido y un siglo perdido en algún pliegue temporal extraño donde hay pantallas y luces de neón y la noche es silencio, mis amigos me dicen aquí puedes ser lo que quieras, tengo miedo del futuro, empiezan muchas cosas, no tengo un kuai partido por la mitad, está todo por venir, no sé, no sé.

Entonces me eché a llorar.

Coco me miró, curiosa, desde el borde de la cama en la que había estado saltando como una niña espigada que encuentra exóticas las palabras en inglés, ladeó la cabeza, me acercó un pañuelo. Echas de menos a tu familia, preguntó, musical ella.

Joder, lo siento. Son hormonas. Creo.

Nah, no es eso, no es sólo eso. A ver cómo le explico que este 2012, y sin haber pensado realmente que alguna vez pudiera ocurrir, acabé la carrera, conocí y terminé de conocer a los que considero ya un puñado de verdaderos amigos, me vine a vivir aquí sola, empecé a trabajar y me enamoré, no necesariamente por ese orden.

Bob también meneó la cabeza. Sonrió un poco.

Que ya se ha acabado la universidad para siempre, ¿no?

Entonces fui yo la que cambió lágrimas por carcajadas.

Anda que no lo sabes, dije. Va, vamos a tomarnos un vino. Invito yo. Por el mejor huoguo que he comido en mi vida. Por los nuevos amigos. Por el nuevo comienzo. Por el año nuevo.