El examen que nunca pondré a mis estudiantes (por desgracia)

I. Gramática.

1. Elige las palabras adecuadas en su forma correcta (15 puntos):

Hijo de puta      Cabrón                 coñazo                                 vacilar                   De puta madre                 polla (2)                              madre                  cagar                     correrse              pedalear

Cojonudo           pringado             joder (x2)

-Podrías apuntarte a un gimnasio.

-¿Ves mi dedo? Súbete aquí y ________.

-No sé qué me pasa últimamente que no consigo ________ a no ser que la chica me insulte.

Ramón es un __________. No te vas a creer lo que me ha hecho: se ha estado acostando con mi mejor amiga todo este tiempo.

-¿Qué tal el concierto?

-Fue la _________. Tocaron un montón de canciones nuevas y una versión _________ de Radiohead.

-¿todavía sigues saliendo con el soso de Pepe? ¡No ________! Si es un ________.

-Esta película es un _________. A los actores no hay quien los aguante.

-Tío, me tienes hasta la _________. Decide de una vez lo que quieres hacer y no me marees.

-No le hagas caso. Te está __________.

-¡Me __________ en tu puta ________, ___________! ¡Casi me matas!

2. Relaciona los ámbitos con las palabras que pertenecen a los mismos. Los ámbitos son: Sexo, Enfado/insulto, Drogas/alcohol o Apreciativo/admirativo.  (10)

cabrón

cabronazo                                               ponerse

polla                                                    coñazo

Hijo de puta                                            follar

Capullo

3. Explica cómo se han formado las siguientes palabras y explica sus significados (10 puntos)

Cierrabares

Comebolsas

Pagafantas

Muerdealmohadas

Soplanucas

4. Explica la diferencia de significado (si la hay) entre las siguientes palabras (10 puntos):

Zorro/zorra

Lobo/loba

Cerdo/cerda

Perro/perra

5. Explica los dobles sentidos de las palabras en negrita (10 puntos):

El otro día Felipe se puso moradísimo. No paró de hacerse rayas en toda la noche. Le gusta la nieve más que a un esquimal.

No soy muy aficionado a la hierba, pero este fin de semana Carlos había conseguido buena maría y estuvimos en su casa viendo películas y fumando hasta las dos de la mañana. Después llegaron unos amigos suyos con algo de harina pero al pobre le dio un amarillo que se quedó muñeco en el sofá. Yo terminé fino. Tengo que dejar de quedar con ellos, son unos colgados.

II. Comprensión

1. Lee el siguiente texto y contesta a las preguntas:

Nace el primer valenciano con sangre de horchata

El primer valenciano con sangre de horchata ha nacido hoy a las tres de la madrugada en el Hospital San Francisco de Borja de Gandía.

La criatura, que ha pesado 1’8 kilos, ni siquiera ha llorado durante el parto. “Nos ha mirado y se ha encogido de hombros como diciendo ‘Bueno, pues vale’”, ha explicado el ginecólogo, que ha tenido que convencer al pequeño para que respirara.

El alumbramiento es el fruto de un experimento liderado por el equipo del doctor Vicente Rubiales, pionero en fecundación con chufa. Los padres que se ofrecieron voluntarios querían un niño “cien por cien valenciano”, y les pareció buena idea que la horchata corriera por sus venas.

“Nos hubiera gustado también que naciera quemando cosas, pero los niños con sangre de horchata no tienen demasiada iniciativa, y para quemar cosas hay que tener nervio”, explica el padre.

La madre gestó al feto poniéndole canciones míticas de la ruta del “bakalao”, aunque los médicos ya advirtieron de que el niño no sería muy dado a mover el esqueleto por su carácter pusilánime.

El pediatra cree que el bebé podrá probar mañana su primera paella valenciana, aunque habrá que acercarle la cuchara a la boca y mantenerle erguido para que no se deje caer en la cuna con desgana.
(El Mundo today, 13 junio 2013)

1. -Extrae los tópicos que aparecen en el texto sobre la cultura valenciana y coméntalos. ¿Hay alguno que comparta tu cultura? Di cuál. (10)

2. -Explica lo que quiere decir “ruta del bakalao” en el texto y sus principales exponentes. (15)

3. -Escribe un texto similar basándote en tópicos sobre tu propia cultura. (20 puntos)

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Apuntes sobre la universidad china

Ayer terminé de preparar los papeles para el Examen de Medio Semestre, lo que indica que mi estancia aquí se va acercando al final. O a la mitad. El caso es que me dio para pensar un poco, y comparar, con la enseñanza universitaria que he recibido yo, y aquí van algunos contrastes y diferencias que he notado en la universidad privada china donde enseño. La mayoría de ellas, por no decir todas, no me las ha explicado nadie.

  • La enseñanza se divide en semestres, no en cuatrimestres como la nuestra. Vale, esto no es especialmente raro, ya lo sé.
  • Las clases comienzan un 3 de septiembre y terminan un veintitantos de junio. Los exámenes se prolongan hasta principios de julio. Ni que decir tiene que empiezo a explicarme por qué en las clases no hay sistema de calefacción pero sí ventiladores.
  • El horario es mucho más temprano que el de España: las clases comienzan a las ocho de la mañana, y terminan a las cuatro de la tarde, con una pausa de ¡10:50! a 13:00 para comer. Hay clases por la tarde, y a los de primero, por lo que deduzco al verles de noche en las clases, les obligan a estudiar.
  • Por lo que sospecho,  los alumnos de primero están obligados a tomar parte en algún club deportivo (taekwondo, ping-pong, kárate, lo que sea). Además, tienen horas de deporte obligatorias como parte del programa de su carrera, sea la que sea, durante los dos primeros años.
  • Las clases duran ochenta minutos. Además, cada clase no se considera una clase, sino dos. El otro día, mi colega la profesora china decía que estaba muy cansada porque había dado “seis clases”. En el mismo tiempo que yo, que consideraba que había dado tres. No sabía si considerarla una superwoman o una esquizofrénica hasta que me lo explicaron.
  • Es perfectamente lícito desayunar en clase. Eso incluye baozis, huevos cocidos (que llevan dentro de una bolsa y pelan durante la clase), yogures para beber, tés, cafés, refrescos o una especie de bolas de tofu metidas en salsas variadas. Y no comen fideos porque eso ya es para la hora del almuerzo.
  • Los alumnos ven perfectamente normal sacar fotos con el móvil a la pizarra. Como todos llevan fundas de móvil muy chistosas, me lo paso divinamente cuando de pronto me saluda un Bob Esponja, un conejito o un oso gigantesco.
  • La mayoría ve perfectamente normal poner animaciones kawaii en los powerpoint de los trabajos de clase. Así, uno se puede encontrar con Batman bailando el Gangnam Style, ositos amorosos o cualquier cosa imaginable en una presentación sobre la Guerra Civil.
  • Los alumnos tienen que sentarse donde les está encomendado y no pueden cambiarse de sitio. Si les pido que se levanten, me van a mirar como si les hubiera pedido un doctorado.
  • Los alumnos tienen que pedir permiso para ir al baño. Cuando salen o entran, lo hacen muy deprisa, de puntillas y agachando la cabeza, como si eso les hiciera invisibles.
  • Clase que se pierde por puentes o fiestas nacionales, clase que se recupera. Eso significa que, para tener cuatro días de fiesta durante la semana, deberé trabajar sábado y domingo de esta semana y el domingo de la siguiente. Estamos todos con-ten-tí-si-mos.
  • Los alumnos deben tomar parte en todo sarao o actividad cultural que se organice, ya sea cantar, presentar una gala o hacer ver que son felices. Esto último puntúa más.
  • En cada semestre hay dos períodos de examen, el “medio” y el “final”. Ambos son tan oficiales y solemnes que semejan más  un examen de Selectividad: se realizan en las aulas más grandes, y deben dejar TODOS los abrigos, mochilas, etcétera, atrás. Y algunos se ponen tremendamente nerviosos, como si no llevaran tres años haciendo lo mismo.
  • Cada examen debe tener un equivalente de recuperación, llamado “papel C”, que será, por ley (os juro que me obligan) más fácil.
  • Los exámenes son sábanas pliegos tamaño A3, lo que los hace tremendamente difíciles de acarrear, corregir o simplemente pasar las páginas.
  • La calidad del papel es ideal para que se rompan con una mirada.
  • Se puntúa sobre 100 y la nota mínima para aprobar es 60. Adiós al cinco raspado.
  • Los alumnos suelen vegetar medio dormidos hasta que de pronto ven las orejas al lobo y entonces se muestran interesadísimos y solícitos.
  • Los alumnos pueden escribir cartas al profesor en las que le ruegan que le aprueben porque “nunca he suspendido” “si suspendo tengo que pagar la asignatura y no tengo dinero” (sic).

Con todo esto, ¿es verdad eso de que los chinos trabajan más? Pues no sé. Los habrá, claro, y tengo a algunos en clase que son un vivo ejemplo. Pero yo creo que a la mayoría más bien les obligan. Aunque mis alumnos de buena gana se pasarían el día viendo series, comprando por Internet o echándose siestas (en lo que ocupan gran parte de su tiempo libre los fines de semana), no les dejan hacerlo. Su sistema de enseñanza, y por tanto de concepción de la vida, es mucho menos flexible que el español, donde cualquier momento es bueno para el noble arte del escaqueo o para irse de puente en puente. Ojo, no digo que lo nuestro sea lo mejor. Solamente digo que, en aras de la eficiencia y las causas comunes, a veces todo me parece un tanto impostado, y cuesta sacar la personalidad y la creatividad de cada uno detrás de esa masa que es el grupo. Por no hablar de los exámenes, que parecen muy difíciles, pero al final resultan estar hechos para que absolutamente todos aprueben.

Como me dijo un profesor de inglés, “aquí no les gusta que los críos suspendan”. Los críos. Los críos están en edad universitaria, que para Europa y Estados Unidos es la edad mínima para todo lo que se considera adulto, ya sea conducir, beber o quedarte dormido un día de clase. Pero aquí parece que no. Que no les tratan como a adultos. Y ellos no están acostumbrados a que se les trate como tales. Si no les pides tarea no toman nota. Si no les pones nota numérica en las tareas, se la pasan por el forro. Dan grititos de sorpresa y paverío cuando aparece un desnudo aunque sea la Maja de Goya. Y me pregunto cuántos de ellos quieren realmente estudiar español, aunque yo vaya a cobrar igual. No sé cómo será en las universidades públicas chinas, si será igual o peor, pero si hay algo que me fastidia de la enseñanza universitaria, es ese control paternalista que todos sufrimos, desde los alumnos a los profesores, que todos toleramos y del que ellos parecen pensar que es perfectamente normal. Y eso es con diferencia lo que más me asusta.

Ni Hao Laoshi! Primera semana de clases

Ya me he abierto una cuenta en el banco, he aprendido a poner la lavadora, me he encontrado con los primeros problemas (cajeros que dicen que tu tarjeta VISA no sirve, lavabo atascado, esas cosas) y me he bebido unas cuantas cervezas. Se puede decir que esto empieza a ser mi casa.

Vistas desde mis aposentos.

También he empezado a trabajar. Ya me había cortado el pelo, sólo me faltaba eso para ser una persona de bien.

La biblioteca.

Ya dije que imparto dos asignaturas a dos grupos de unos treinta alumnos. Por cierto, intenten adivinar el porcentaje por sexos. Efectivamente: aplastante mayoría de chicas sobre un exiguo grupo de cuatro varones por clase. Hay cosas que no cambian.

7:55 a.m. Casual look universitario camino a clase.

Español Moderno es, a grandes rasgos, una asignatura de comentario de texto intensivo. Diferentes textos con apartados de vocabulario, gramática y ejercicios variados.

Conocimientos básicos sobre Países Hispanohablantes, o “de Mahoma a la independencia de México con Garcilaso de por medio” es un intento de meter absolutamente todo lo que uno se pueda imaginar sobre España y los países hispanohablantes en un libro tan atractivo como uno de esos trabajos que nos mandaban en la universidad.
Bien. Ven el problema, ¿verdad?

Ambos libros son un auténtico coñazo. Los textos del primero superan la edad de mis alumnos y la mía con creces. Los temas van desde una leyenda traducida de Irving (ya me dirán qué tiene de español ese venerable guiri) a un extracto de una enciclopedia infantil de los setenta sobre la llegada del hombre a la Luna, pasando por un comentario de texto (ni siquiera un fragmento del poema) del inefable Martín Fierro.

El segundo libro, simplemente, es infumable. No tiene ni una sola foto. Puro minimalismo educativo. Negro sobre blanco. Nombres, cifras, estadísticas. Intento poner un powerpoint pero el proyector me dice que me peine. Me río nerviosa. Termino dibujando un mapa de España en la pizarra (por supuesto me acuerdo PERFECTAMENTE de los ríos, EJEM), y les busco en el Internet no censurado imágenes del teatro romano de Mérida.

Y es que  nadie me ha dicho antes de empezar qué es exactamente lo que han estudiado mis alumnos estos dos años previos. Empiezo por lo más fácil: gramática intensiva. Del complemento de régimen a las relativas sin antecedente. No estoy segura siquiera de si me entienden. Les pregunto constantemente. Aparte de miradas de admiración, no les arranco apenas unas palabras. Y después, el último día de clase de la semana, un pequeño grupo se acerca a hablar conmigo. Parecen un poco nerviosos. Me cuentan que han estudiado gramática, que les gustaría ver más cosas. Que quieren participar. Que quieren (aquí casi me pongo a llorar de alegría) saber los contenidos de las próximas clases para prepararlos.Ya me empieza a no sorprender que al verbo 预习: yù xí,  “preparar una lección por anticipado” no le haya encontrado equivalente en español.

Les pregunto si tienen alguna otra asignatura de conversación. Es fácil adivinar su respuesta.

Estos chicos, que se han presentado a un examen oficial de español que todos (salvo quince espectaculares aprobados) tendrán que volver a hacer este final de curso, no tienen más que una asignatura de conversación en toda su formación académica. Y en ese examen oficial, tan importante para ellos que no soy capaz de imaginarlo, tienen que hablar cinco minutos sobre un tema que les dan. El tema del útimo examen fue “por qué hay estudiantes españoles interesados en estudiar chino”. Y ni siquiera conocen estudiantes españoles.

No conocen nada o casi nada de España. Les han machacado con gramática desde que empezaron a estudiar pero no saben quién es Lorca. Habrán tenido, como mucho, dos profesores extranjeros en su vida. Están en un curso de traducción avanzada pero no podrían decir qué clases de problemas políticos ha habido en Chile o Argentina. No saben quién es Borges, quién es Roberto Bolaño, no sé si les sonará Almodóvar pero, desde luego, sé que nunca han olido siquiera el licor café.

Eso es lo que me toca a mí. Y qué quieren que les diga, es un reto. Un reto que empieza el lunes y no sé si va a terminar. Pero ahí estoy.

Amigos músicos, escritores, fotógrafos, editores, productores de bebidas espirituosas: en unos meses, a lo mejor les llegan unos pedidos descomunales desde el otro lado del mundo. Háganse los sorprendidos.