Una jornada cualquiera (un año después)

Me levanto a las siete menos cinco. O a las ocho menos cinco. O algo así. Araño cinco minutos más. Me hago tostadas, café, veo a los jubilados del barrio hacer ejercicio a ritmo de música de trompetas de hojalata. Salgo de casa, es otoño, hace sol, aspiro el aroma de barquillos y castañas asadas en la puerta de mi barrio, esquivo las motos, las bicis, los niños con lazos rojos al cuello que engullen baozis camino al colegio, me estrujo en el metro, leo un cómic o dos; o si es tarde, espero a que pase una moto que

A veces me espera Tao Wen, a las ocho de la mañana (eso cuando no llega tarde o yo llego tarde, pero nos entendemos), en su oficina en un piso dieciséis de la calle Nanjing Oeste y hablamos en español sobre trabajo y negocios para terminar hablando sobre la vida en general y los exnovios en particular (mi exnovio era catalán. Y también gilipollas, me dice en perfecto español). Después de Tao Wen, me voy a Lujiazui a otra oficina sobre el río Huangpu y juego con Chris Yan a las direcciones y los colores mientras me recuerdo a mí misma que tengo que hablarle muy despacio. Sonríe cuando le digo que ha estudiado muy bien esta semana.

Otro día veo a Violeta, y cuando está demasiado estresada por el trabajo, me hace exposiciones sobre el origen de palabrotas en chino. Otro día veo a Daniel, y le intento transmitir lo mucho que mola el Don Juan Tenorio, aunque aún no se cree que Ana de Pantoja se dejase engañar tan fácilmente.

Los fines de semana, me esperan nueve chicas que preparan el DELE y me marean con preguntas de gramática. O un grupo que ya ha pasado del “hola qué tal” y ahora aprenden lo que son las tapas.

Me muevo. Cambio mi camino a clase cada día. Veo cambiar las frutas que venden en las calles y el color de las hojas de los castaños de Indias. Camino y a veces pienso en comprarme una bici pero también pienso que, después de dos años viviendo en la otra punta de la ciudad, quiero gastar en este barrio, paso a paso, las suelas de mis botas, mientras dure el sol de este otoño que parece eterno. Y sin tener que inventarme exámenes.

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Feo como un dinosaurio y bella como un hada

Hace unos meses, en la asignatura de redacción que imparto, se me ocurrió dedicar una clase a las comparaciones y metáforas más comunes en español. Pelo de oro, dientes como perlas, más feo que Picio, esas cosas. Lo gracioso vino cuando les pregunté yo con qué compararían, por ejemplo, el pelo negro. Con el sésamo, dijo uno. Pero si el sésamo es color arena claro, pensé yo (sí, yo digo color arena claro, salmón salvaje y moco verdoso). Y los ojos azules, pregunté. Ojos azules como el mar, me respondieron. Y yo pensando que a ver cómo les explicaba a estos muchachos que la mayor parte de los poetas o simples nativos ligones comparan el mar con esos ojos verdes relativamente raros entre nuestros tíos buenos meridionales…

Así que pasamos un buen rato comentando esas pequeñas diferencias culturales e idiomáticas que se traducen en calcos gramaticales imposibles o en divertidísimas metáforas. Porque provenimos de culturas tan diferentes que algo tan simple como este diálogo típicamente veraniego:

-Tía, estoy como la leche.

-¡Qué va, si estás negra!

Para mis admiradoras de las baifumei puede resultar completamente insultante.

Aunque eche pestes a veces de la enseñanza, de las horas que paso corrigiendo redacciones o de este horario infame que nos obliga a personarnos en el aula a las siete cincuenta de la mañana, luego con estas cosas me lo paso pipa. Les pedí que me enumeraran algunas metáforas y comparaciones que usan normalmente y los resultados son bastante curiosos:

La piel, indiscutiblemente bella cuando es blanca, se compara con la nieve o con la leche; mientras que cuando la piel es negra “no se distingue en la noche” (黑得晚上都看不见) .

No sé si es positivo o negativo, pero desde luego que te comparen tus sensuales y gruesos labios con una salchicha es un tanto peculiar: 香肠般的嘴唇。

Nuestro “más bonico que un San Luis” tiene su equivalente en Pan An, una especie de sex symbol de época antigua a la que las mujeres arrojaban fruta cuando pasaba  貌若潘安; mientras que  al típico vivalavirgen mantenido por alguna mujer rica prendada de su belleza se le llama “carita blanca”: 小白脸。

Los ojos castaños se comparan con nueces o lichis, y los pequeños con hilos: 眼晴小得跟条线一样。

Por supuesto, estos son solo algunos ejemplos. Con el español, coincidimos en el pelo de oro (de hecho, rubio en chino se puede decir 金发,literalmente, “pelo de oro”), en la cara de caballo, en ser fuerte como un oso o un toro o en las miles de comparaciones de ojos con piedras preciosas que tanto han ayudado en todo el mundo a llevarse a alguien al huerto .

Mis favoritas, sin duda, son las negativas: ser plana ·como un aeropuerto· me parece tan cruel como maravillosa. Y no sé qué habrán pensado los prehistóricos reptiles de los chinos, pero desde luego que estos no piensan muy bien de aquellos cuando dicen que alguien es feo como un dinosaurio. Aunque viendo lo que tienen en los museos de Ciencias Naturales, quizá no les falte razón…

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Cuando conocí a las vecinas del barrio

Estoy sentada en el sitio de honor del sofá de una casa que no conozco, rodeada de quince alumnos. A mi izquierda, el decano, y frente a mí, tres señoras con edad para ser mis madres adoptivas que nos han calzado antes de entrar fundas de plástico para los zapatos.

Es un típico miércoles a la hora de la siesta y a mi jefe se le ha ocurrido la brillante idea de organizar una visita guiada a ¿un museo? ¿un templo? no, mejor: a un 小区(xiaoqu) o barrio residencial recién construido en la calle de al lado de mi universidad.

Así, yo puedo contarles cómo es la vida en España y ellas pueden contarme lo bien que se vive en este barrio de Pudong que lleva año y medio siendo también el mío. Ellas me hablan en mandarín (con acentazo shanghainés) y yo les respondo en español, y los alumnos, por turno, van traduciendo cada uno una frase. Los pobres sudan tinta y yo me siento una especie de ministra con calzado de hospital. Lo que no les puedo decir a mis alumnos es que estoy entendiendo todo lo que me están diciendo la señora Lu y sus compinches. Me hace ilusión, pero me hago la laowai y pongo cara de no enterarme aunque de vez en cuando se me escapa alguna traducción más precisa que Mila, sentada a mi lado, me agradece con una sonrisa de alivio.

Después de hora y pico hablando (o algo así) sobre el cuidado de los ancianos, las costumbres gastronómicas, horarios o la edad a la que se casa la gente en los diferentes países, la señora Lu, la traidora señora Lu, dice que bueno, que ahora todos están esperando a que la amable profesora extranjera nos cante una canción en español.

Cómo será mi cara que todos mis alumnos se dan cuenta de que lo he entendido.

Farfullo. Balbuceo. Es que mi garganta. Es que mi voz. Es que shenme. La verdad es que, sencillamente, dudo que ahora mismo me venga a la cabeza una canción entera en mi bonita lengua materna. A mí, que el día anterior estuve intentando aprenderme un rap en dialecto de Chengdu.

Miro a mi jefe, a ver si me echa un capote, o algo. Así que ahí estamos, mi decano y yo, a las tres de la tarde, cantando Cielito Lindo con los alumnos haciendo los coros delante de esas amables señoras shanghainesas que aplauden, preguntan por el tema de la canción y después nos sacan chocolates y mandarinas y nos las reparten con mucho alboroto. Nos prometemos que un día haremos empanadillas juntas y todo eso que se dice en los paripés sobre las familias, estar lejos, el extranjero y lo encantados que estamos de habernos conocido. Otra de las señoras (creo que la señora Zhang) me mete un tomatito cherry directamente a la boca. Creo que ya he tocado techo.

Paseamos por el parque como si fuera un jardín de la dinastía Ming, yo escoltada por Mila, Cintia y Estrella, mis niñas  de tercero, que me re-traducen que esa flor es el símbolo de Shanghai o que ese paseo se usa para caminar descalzo porque es bueno para la salud.

Pudo haber sido peor: el otro grupo fue  a ver unos bailes tradicionales de no sé qué minoría, y que el pobre Rayo, al que sacaron a bailar, ahora es famosísimo en RenRen.

A la próxima, creo que me aprendo el rap. Ya puestos a hacer un paripé, vamos a hacerlo con estilo…

El examen que nunca pondré a mis estudiantes (por desgracia)

I. Gramática.

1. Elige las palabras adecuadas en su forma correcta (15 puntos):

Hijo de puta      Cabrón                 coñazo                                 vacilar                   De puta madre                 polla (2)                              madre                  cagar                     correrse              pedalear

Cojonudo           pringado             joder (x2)

-Podrías apuntarte a un gimnasio.

-¿Ves mi dedo? Súbete aquí y ________.

-No sé qué me pasa últimamente que no consigo ________ a no ser que la chica me insulte.

Ramón es un __________. No te vas a creer lo que me ha hecho: se ha estado acostando con mi mejor amiga todo este tiempo.

-¿Qué tal el concierto?

-Fue la _________. Tocaron un montón de canciones nuevas y una versión _________ de Radiohead.

-¿todavía sigues saliendo con el soso de Pepe? ¡No ________! Si es un ________.

-Esta película es un _________. A los actores no hay quien los aguante.

-Tío, me tienes hasta la _________. Decide de una vez lo que quieres hacer y no me marees.

-No le hagas caso. Te está __________.

-¡Me __________ en tu puta ________, ___________! ¡Casi me matas!

2. Relaciona los ámbitos con las palabras que pertenecen a los mismos. Los ámbitos son: Sexo, Enfado/insulto, Drogas/alcohol o Apreciativo/admirativo.  (10)

cabrón

cabronazo                                               ponerse

polla                                                    coñazo

Hijo de puta                                            follar

Capullo

3. Explica cómo se han formado las siguientes palabras y explica sus significados (10 puntos)

Cierrabares

Comebolsas

Pagafantas

Muerdealmohadas

Soplanucas

4. Explica la diferencia de significado (si la hay) entre las siguientes palabras (10 puntos):

Zorro/zorra

Lobo/loba

Cerdo/cerda

Perro/perra

5. Explica los dobles sentidos de las palabras en negrita (10 puntos):

El otro día Felipe se puso moradísimo. No paró de hacerse rayas en toda la noche. Le gusta la nieve más que a un esquimal.

No soy muy aficionado a la hierba, pero este fin de semana Carlos había conseguido buena maría y estuvimos en su casa viendo películas y fumando hasta las dos de la mañana. Después llegaron unos amigos suyos con algo de harina pero al pobre le dio un amarillo que se quedó muñeco en el sofá. Yo terminé fino. Tengo que dejar de quedar con ellos, son unos colgados.

II. Comprensión

1. Lee el siguiente texto y contesta a las preguntas:

Nace el primer valenciano con sangre de horchata

El primer valenciano con sangre de horchata ha nacido hoy a las tres de la madrugada en el Hospital San Francisco de Borja de Gandía.

La criatura, que ha pesado 1’8 kilos, ni siquiera ha llorado durante el parto. “Nos ha mirado y se ha encogido de hombros como diciendo ‘Bueno, pues vale’”, ha explicado el ginecólogo, que ha tenido que convencer al pequeño para que respirara.

El alumbramiento es el fruto de un experimento liderado por el equipo del doctor Vicente Rubiales, pionero en fecundación con chufa. Los padres que se ofrecieron voluntarios querían un niño “cien por cien valenciano”, y les pareció buena idea que la horchata corriera por sus venas.

“Nos hubiera gustado también que naciera quemando cosas, pero los niños con sangre de horchata no tienen demasiada iniciativa, y para quemar cosas hay que tener nervio”, explica el padre.

La madre gestó al feto poniéndole canciones míticas de la ruta del “bakalao”, aunque los médicos ya advirtieron de que el niño no sería muy dado a mover el esqueleto por su carácter pusilánime.

El pediatra cree que el bebé podrá probar mañana su primera paella valenciana, aunque habrá que acercarle la cuchara a la boca y mantenerle erguido para que no se deje caer en la cuna con desgana.
(El Mundo today, 13 junio 2013)

1. -Extrae los tópicos que aparecen en el texto sobre la cultura valenciana y coméntalos. ¿Hay alguno que comparta tu cultura? Di cuál. (10)

2. -Explica lo que quiere decir “ruta del bakalao” en el texto y sus principales exponentes. (15)

3. -Escribe un texto similar basándote en tópicos sobre tu propia cultura. (20 puntos)

Beijing me mata (II)

A Pekín le perdono todos sus defectos. Le perdono el bochorno, el traficazo, ese deporte nacional que es el sablazo al laowai, el acento y hasta su desprecio por las monedas en favor de los billetes.

Ya se han clausurado las jornadas. Me llevo un diploma, un par de amigos, un buen recuerdo, muchas risas, dos manuales y dos resacas monumentales de cerveza. Aprovecho el fin de semana para ver a más amigos que, cómo no, se empeñan en quedar en el Heaven, el garito de moda de la tarde y noche pekinesa; un antrazo con paredes forradas en madera y en donde puedes comprar el alcohol por botellas, bolsas de hielo y vasos de plástico. Es como volver a la adolescencia pero con mesas y más burradas cuando juegas al yo nunca he.

En algún momento del sábado, antes de conocer al hombre detrás de ZaiChina, aunque no nos acordemos ninguno, me tomo un par de mojitos baratos con Oriol, de Chinalati (haciendo negocios). Estamos apurándolo, junto al puesto que los sirve ahí en medio de Sanlitun, cuando veo (!) una cara conocida. Coño, Peter. Y Fadel. Y Besjian. Un americano, un marroquí y un albanés. Parece un chiste pero es la realidad y son las tres personas con las que cené la primera vez que pisé la ciudad, hace casi cuatro años.

Al día siguiente, Oriol me acompaña a agujerearme el cartílago de la oreja derecha. Es mi recuerdo de una ciudad que llevo hincada en el corazón. Decido quedarme un día más. Paseamos por Wudaokou, la zona universitaria. Por alguna razón, en Pekín la gente lleva más piercings y tatuajes que en Shanghai. Son del norte, dicen mis alumnos cuando se lo comento, unos días después.

No he pisado un monumento, pero he vivido, como siempre que voy, una ciudad distinta de la que conocía. Y creo que aún tengo que volver un par de veces.

¿Pero por qué han hecho esto así, diosmío?

Cuando estás preparando las clases, piensas que el esfuerzo que estás haciendo se traducirá en un perfecto entendimiento. Que tus alumnos asentirán sonrientes a cada diapositiva porque su competencia lingüística se va incrementando gracias a la fuerza motriz de una docente tan esforzada y solícita. Que las brillantes ideas que se te acaban de ocurrir para mandarles como deberes serán ejecutadas a la perfección, tal y como te imaginas; y que van a acatar tus actividades extraídas de TodoEle y demás blogs de enseñanza con actitud de vídeo promocional de universidad privada.

Los cojones.

En estos meses, veo cómo cuando les mando alguna que otra tarea me miran con una expresión de What The Fuck muy grande escrita en sus caritas de ojos rasgados.  O se me enredan en disquisiciones y circunloquios copiados directamente de Wikipedia. O, simplemente, no le ven el sentido a intercambiarse los asientos para hacer una actividad.

Y la que se siente más ridícula es la profe, claro. Muy ridícula.  Esto no salía en TodoEle. Qué hago. Y una sigue gesticulando con su mejor sonrisa mientras por dentro llora y patalea y grita ¿¡Pero por qué habéis hecho esto así, diosmío!?

A veces, simplemente, es que ellos no tienen ganas de trabajar. Y es que muchos de ellos, como me han confesado, pasan del tema y vienen a calentar el asiento. Por suerte, no son todos. Pero sí una parte importante y adormilada de mis alumnos, que han ido pasando de curso en gran medida gracias a que esta universidad es privada.

Que sí, que ya sé que dicen por ahí que los asiáticos son los mejores alumnos: pues hay de todo. Tienen cosas en común: miran fijamente al suelo cuando les pregunto, son obedientes aunque no se enteren de nada y si surge alguna palabra relacionada con el amor, se ríen o se dan codazos.

Otras veces es que el ejercicio, por lo que sea, no funciona. Y punto. El sistema de enseñanza que han seguido desde niños es casi completamente distinto del mío, por no decir las concepciones de ésta. Y chocamos, claro. Y es perfectamente normal y la única solución es no dejar nunca de intentarlo.

Al final hay que pasarse a su terreno. Después de que todo chino que he conocido me haya preguntado cinco millones de veces si tengo QQ, me he abierto una cuenta, y otra en Weibo, las principales redes sociales chinas. Las uso para poder para poder pasarles materiales y deberes, preparar contenidos para que se los estudien antes de la clase (que sí, que esto existe) y también para cotillearles un poco las fotos y de paso, stalkeando un poquito, aprender chino y cultura popular en su forma más natural y espontánea. Ni que decir tiene que, por Internet, son mucho menos tímidos de lo que son en clase y hasta me ponen gifs kawaii cuando hablan conmigo.

Y que todas las nubes se disipan cuando, a la salida de clase, hablo con mis chicos de Mogwai y My Bloody Valentine. Cuando me recomiendan grupos de música y cómics. O cuando una alumna, de las más calladas de la clase, me cuenta por el chat que le gustaría ser escritora.