Cuando conocí a las vecinas del barrio

Estoy sentada en el sitio de honor del sofá de una casa que no conozco, rodeada de quince alumnos. A mi izquierda, el decano, y frente a mí, tres señoras con edad para ser mis madres adoptivas que nos han calzado antes de entrar fundas de plástico para los zapatos.

Es un típico miércoles a la hora de la siesta y a mi jefe se le ha ocurrido la brillante idea de organizar una visita guiada a ¿un museo? ¿un templo? no, mejor: a un 小区(xiaoqu) o barrio residencial recién construido en la calle de al lado de mi universidad.

Así, yo puedo contarles cómo es la vida en España y ellas pueden contarme lo bien que se vive en este barrio de Pudong que lleva año y medio siendo también el mío. Ellas me hablan en mandarín (con acentazo shanghainés) y yo les respondo en español, y los alumnos, por turno, van traduciendo cada uno una frase. Los pobres sudan tinta y yo me siento una especie de ministra con calzado de hospital. Lo que no les puedo decir a mis alumnos es que estoy entendiendo todo lo que me están diciendo la señora Lu y sus compinches. Me hace ilusión, pero me hago la laowai y pongo cara de no enterarme aunque de vez en cuando se me escapa alguna traducción más precisa que Mila, sentada a mi lado, me agradece con una sonrisa de alivio.

Después de hora y pico hablando (o algo así) sobre el cuidado de los ancianos, las costumbres gastronómicas, horarios o la edad a la que se casa la gente en los diferentes países, la señora Lu, la traidora señora Lu, dice que bueno, que ahora todos están esperando a que la amable profesora extranjera nos cante una canción en español.

Cómo será mi cara que todos mis alumnos se dan cuenta de que lo he entendido.

Farfullo. Balbuceo. Es que mi garganta. Es que mi voz. Es que shenme. La verdad es que, sencillamente, dudo que ahora mismo me venga a la cabeza una canción entera en mi bonita lengua materna. A mí, que el día anterior estuve intentando aprenderme un rap en dialecto de Chengdu.

Miro a mi jefe, a ver si me echa un capote, o algo. Así que ahí estamos, mi decano y yo, a las tres de la tarde, cantando Cielito Lindo con los alumnos haciendo los coros delante de esas amables señoras shanghainesas que aplauden, preguntan por el tema de la canción y después nos sacan chocolates y mandarinas y nos las reparten con mucho alboroto. Nos prometemos que un día haremos empanadillas juntas y todo eso que se dice en los paripés sobre las familias, estar lejos, el extranjero y lo encantados que estamos de habernos conocido. Otra de las señoras (creo que la señora Zhang) me mete un tomatito cherry directamente a la boca. Creo que ya he tocado techo.

Paseamos por el parque como si fuera un jardín de la dinastía Ming, yo escoltada por Mila, Cintia y Estrella, mis niñas  de tercero, que me re-traducen que esa flor es el símbolo de Shanghai o que ese paseo se usa para caminar descalzo porque es bueno para la salud.

Pudo haber sido peor: el otro grupo fue  a ver unos bailes tradicionales de no sé qué minoría, y que el pobre Rayo, al que sacaron a bailar, ahora es famosísimo en RenRen.

A la próxima, creo que me aprendo el rap. Ya puestos a hacer un paripé, vamos a hacerlo con estilo…

Haciendo radio

Entre las muchas cosas que hice este verano, una fue ir con Pedro Toro a SER Henares para hablar sobre cosas chinas. Sólo teníamos veinte minutos así que nos liamos bastante y escupimos muchos nombres por minuto, pero creo que más o menos se nos entiende.

Yo no los he escuchado porque mi voz grabada me pone nerviosa, pero podéis descargar aquí los podcasts:

Rock en China*:

Donde nos pisamos hablando de bandas (expats y locales) que intentan hacerse un hueco, del sello Genjing Records y de la aún escasa escena independiente china.

http://www.ivoox.com/dtup-el-rock-chino-ese-gran-desconocido_md_2257657_1.mp3″ Ir a descargar

Cine en China: 

Donde desisto de convencer a Pedro Toro de lo guay que es Wong Kar-wai y mencionamos un par de títulos curiosones.

http://www.ivoox.com/dtup-cine-china_md_2334141_1.mp3″ Ir a descargar

 

¡Disfruten!

* Confieso que me colé (nerviosa, el directo, mi voz tiembla, cacareo, digo cosas sin sentido, babeo el micro, podría haber sido peor). Dear Eloise (亲爱的艾洛伊丝), el grupo pekinés del que hablo, sí que hacen conciertos… aunque no he tenido la oportunidad de verlos nunca. Y rabia que me da.

Lo que quiero es flotar

Oh! Qué feliz soy
porque en la tarde de hoy
con esta gente elegante
subo al Cabaret Flotante

Ayer estuve en una de esas cosas que podrían contar perfectamente como anécdota de un viaje al extranjero. Una de esas cosas que, por vistosas y por extravagantes, además de por su calidad, se nos antojan más propias de una ciudad idealizada, desde París a Berlín pasando por alguna de Europa del Este o de la América que vio nacer el jazz.

Podría ser una anécdota con la que sorprender a quien quiera escucharlo. Esa tarde de domingo en que vas paseando por la orilla de un lago y de pronto, te encuentras con una tropa de músicos, coristas y curiosos liderados por una dama vestida de rojo y un violinista de zapatos rutilantes, ambos tocados con chisteras, que parecen haberse escapado de un cuadro de Tolouse-Lautrec.

Y todos, músicos, damas, niños, amables gondoleros, se hacen con la pequeña flota, embarcan los instrumentos, las sombrillas y hasta una tabla de claqué, y allí, en medio del lago, se marcan una maravillosa actuación, plagada de canciones, de risas, de coros, de amigos, de laralás y salpicaduras de agua que desafían al sol del flamante verano.

La barca de Carmen Hache, la fotógrafa oficial del evento, con su elegante gondolero y dos adorables marineritas. Por Borja Suárez Lázaro Galdiano.

Y es que a veces somos un poco gilipollas. No pensamos que este tipo de iniciativas puedan tener lugar en nuestra propia ciudad, gracias al esfuerzo de unos pocos y a la participación de otros muchos.

Pía Tedesco, Raúl Márquez, Celia Bañón y demás han demostrado que es posible. Que se puede montar en Madrid un sarao como este Cabaret Flotante, que ya lleva cuatro ediciones y se le auguran muchas más.  Convocaron código de vestimenta. Presentaron, unos días antes del evento, el himno que sonaría varias veces esta tarde de domingo y compartieron las partituras con todo el que quisiera acudir. 

Y ahí que acudieron músicos de toda clase y condición. La bella Luisa, de la Troupe de la Merced, marcándose en una barca, megáfono en mano, una versión de La vie en rose. Por allí andaban también los Variedades Azafrán, que terminarían, ya en la jam session que se desplegaría en tierra, haciéndonos corear a todos Ti vuo’l fa l’americano. Y así, muchas más. Una tras otra.

El desembarco de Pía. Casa de Campo.

Ninguno cobramos un duro por todo esto. Pero lo pasamos en grande.  Al final, además de a música, nos convidaron a brownie, ya cuando, a la caída de sol, cansados pero contentos, empezábamos a dispersarnos.

Y todo esto sucedió en la Casa de Campo, una tarde de domingo, a pleno sol. Sí, en Madrid. Qué cosas.

Estén atentos. En cualquier momento, el Cabaret Flotante podría celebrarse otra vez. Que les pille bien vestidos.

Radio, live transmission

No language, just sound, that’s all we need know, to synchronise

love to the beat of the show.

Joy Division

A partir de hoy empiezo a colaborar en La Furgo, que se emite  cada jueves en directo de 21:30 a 23:00.

Hablaremos de música, conciertos, grupos emergentes, grupos consagrados, amiguetes o de todo a la vez.

Y nada, eso. Que no cobro. Pero que espero que no me echen.

3clic y flashes réflex

El jueves estuve en el evento organizado por 3Clic, una aplicación de moda interactiva que se presentó en Utopic_us. Desfilaron las colecciones de Felipe Albarnez y Oriol en un espacio diáfano sostenido por un bosque de columnas a rebosar de tercios Heineken, gente guapa e ideas frescas (o viceversa, que también está bien): artistas multidisciplinares, estudiantes de diseño y amiguetes (junto a algún que otro músico lo-fi)  andaban en consonancia con las propuestas de toque ecológico y orgánico pero ante todo, tangibles. La presentación culminó con la proyección de un vídeo (editado por Violeta Nicolás) en el que a ritmo de EdredoN se mostraron las diferentes aplicaciones de lo que puede ser una nueva forma de ver todo este mundillo de telas,  poses, texturas y compras que vale, si, lo reconozco, me encanta.

La verdad es que llegué tarde al primer desfile y solamente pude ver parte del segundo, y, eso sí, bastante del tercero:

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Desfile orgánico y muchos pies. Utopic_us, Madrid.

Además de las chips de wasabi o de la calabaza cruda con tejas de piñones, disfrutamos de la exposición de la italiana Sara Giordani, un pastelito envenenado presentado en envoltorio aparentemente naïf que de repente se transforma en víscera, en azote o en mordaza y no te extraña y hasta sabes que te gusta más. Mucho más. Tanto que voy a seguirle la pista a sus corazones astados y a sus muñecas con máscara antigás.

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Ilustraciones de Sara Giordani o sospechosos parecidos con servidora en el asana de la cobra.

Al final, con la música y el ambiente festivo, se improvisó un photocall y aparte de posar nos reímos bastante, que también está bien. Y cuando aparezcan las fotos en los que parecemos personas normales bebiendo vino en vaso de plástico y engullendo medias mediasnoches de salmón con aguacate que rapiñábamos del suelo de la pasarela nos vamos a reír aún más.

Para todo lo demás, Tendencias TV. Nos vemos en la siguiente.

(De momento ya se puede disfrutar aquí de un adelanto).

Vocabulario básico de festivales y espectáculos

VELUM: Entoldado para proteger del sol a los espectadores.

SPARSIONES: Agua perfumada para refrescar el ambiente.

XENIA: pequeños obsequios promocionales que se regalan a los asistentes.

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El particular circo de este fin de semana es esto.

Y las fieras vamos a ser nosotros.

Nos vemos allí.

O el lunes. Creo.