Ansiedad cultural: un caso verídico

“La situación me había sobrepasado. Del todo. ¡Tres conciertos en un día! ¡Tres! ¿imagina? Y antes, la presentación del poemario de un amigo en una librería-enoteca del centro o la inauguración de la expo de otra amiga en la galería multiespacio del barrio ***. Y claro, me esperaban. En los dos. Y yo qué hago. Porque claro, también podría acercarme a esa jam de electrónica itinerante, la V-vintech, sí, eso que hacen con ordenadores infantiles de los noventa, porque estos me habían dado un toque que lo mismo se pasaban y a X no le veía desde aquel festival de revival de Ópera de Taiwan que hicieron en aquella islita húngara…” 

El caso de Amelia P. no es el único. Amelia P.  (nombre ficticio) sufre un extraño y aún poco estudiado cuadro de ansiedad cultural que ya ha atacado a un importante sector de la población urbana. Activos en las redes sociales y con aficiones multidisciplinares, los jóvenes (y no tan jóvenes) como Amelia P. se ven afectados cada fin de semana o casi cada día por multitud de eventos que no son capaces de cubrir en su totalidad por una simple razón: son demasiados.

Amelia P., que lucha diariamente contra el síndrome de la clase magistral y el mencionismo,  entre otros síntomas del Síndrome del Licenciado para los que se halla en tratamiento, se encuentra cada día a la difícil tarea de decidir entre las infinitas opciones que compondrían su tiempo de ocio. Y esto le provoca una ansiedad extrema. 

Si elijo una opción me estoy perdiendo otra. Estoy perdiendo amigos, amigos que hacen cosas interesantes, ¿entiende? Gente con proyectos, con inquietudes. Gente de la que aprender. Y no sé qué hacer. Si la performance resulta ser un truño me habré arrepentido toda la vida de no haber elegido el collage en vivo…”

En ocasiones, Amelia P., que comprensiblemente no domina la ubicuidad, encadena varios eventos seguidos. En estos casos, es habitual verla en una fiesta de presentación con una copa en la mano, la postura compuesta y una sonrisa. Pero no disfruta. Mira el reloj cada dos minutos porque quiere llegar a tiempo al metro. Escucha sin escuchar. Sonríe, mirando a todas partes y a ninguna, ni siquiera cuando habla con alguien. Se la oye decir de vez en cuando “vine un rato sólo, si ahora tengo otra cosita…”. Casi se puede notar cómo el aire apenas pasa por sus pulmones.

Realmente, aunque parezca alegre, Amelia P. se encuentra al borde del colapso. Probablemente, su noche termine en llanto. Se lamentará por lo que ella calificará como “haber perdido el tiempo”. Aún no se ha encontrado cura para este raro cuadro y los tratamientos experimentales, basados en la inmersión en un medio adverso de voluntarios, a los que se trasladó a un medio rural sin más posibilidad de ocio que las mesas de las terrazas a la caída de la tarde, no han dado los resultados esperados, sino que incluso han agravado sus síntomas, especialmente los delirios de grandeza y el movimiento descontrolado de cabeza, añadiéndose además el gorjeo indiscriminado y el llamado síndrome del tag. El coaching y el pranayama parecen ser la única salvación de Amelia P. “Aunque me estoy planteando cambiar la última por las clases abiertas de danza africana, que siempre me ha interesado y lo imparte un tipo genial…”. Poco a poco, con mucho esfuerzo, intenta descontaminarse. Pero mañana, si nadie da con una cura, el ciclo de Amelia P., como el de tantos otros, comenzará de nuevo. 

Hostal Proust Magazine, “Ahogados por la cultura: un caso real”, Hostal Proust Ediciones, Primavera 2012


Vestiduras

Dados los siguientes fragmentos textuales:


Su desnudo en el alero,
agudo norte de palma,
pide copos a su vientre
y granizo a sus espaldas.
Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.

(…)

Thamar entró silenciosa
en la alcoba silenciada,
color de vena y Danubio,
turbia de huellas lejanas.

-Thamar, bórrame los ojos
con tu fija madrugada.
Mis hilos de sangre tejen
volantes sobre tu falda.

Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda
avispas y vientecillos
en doble enjambre de flautas.

(…)

Ya la coge del cabello,
ya la camisa le rasga.

Federico García Lorca, Romancero gitano (fragmentos)

Ejercicio para el lector:

a) Teniendo en cuenta el lugar en que se sitúa el poema, los espacios en que se desarrolla, la temperatura (en grados Fahrenheit), la presión del viento (media) y otros factores, explicar la capacidad  de la princesa Thamar para ponerse y quitarse prendas de ropa.

b) Siguiendo las técnicas vistas en clase sobre connotación, denotación y significado implícito en conversación y proxémica, analizar el concepto calientapollas aplicado a Thamar, teniendo en cuenta también factores como la desnudez (siguiendo lo comentado en a)) o la teoría del feminismo queer.

Ejercicio opcional: siguiendo la teoría anterior, dibuje la escena, prestando especial atención al color de las ropas-no ropas de Thamar y al tipo de bigote que podría lucir Amnón.

Deformación universitaria

Cuadro sintomático del Síndrome del licenciado (extractos)

Actitudes sociales

-verborrea nerviosa y exceso de pompa y loa en las presentaciones. Suele emplear fórmulas del tipo “excelso currículum”, “no podría enumerar todas sus virtudes”, etcétera.

-el síndrome de la clase magistral: muy presente en la conversación cotidiana, tanto en el entorno habitual como, muy especialmente, con desconocidos (a los que ha/se ha presentado frecuentemente con términos semejantes a los detallados en el punto anterior) el afectado tenderá a transformar la interacción normal en un intercambio unidireccional.

  “Entonces, ¿eres escenógrafo? Y… cuáles son tus referentes… […] no sé, ¿en qué piensas trabajar ahora?”*

-mencionismo o tendencia exagerada a la cita del trabajo de otros, o, en casos graves, del propio. Frecuentes citas bibliográficas completas. Secuencias del tipo “como dice x en su artículo…”, “me recuerda a x en …

“¡ese libro es buenísimo! Lo cité en mi último artículo sobre la presencia de los ainu en el cómic underground de los ochenta, no sé si lo leíste…” *

mal de la esfinge: rostro inexpresivo y ojos vidriosos ante cualquier eventualidad que requiera una atención mayor de dos minutos, sin ningún tipo de reacción por parte del afectado. En ocasiones, pueden darse casos de completa oscuridad en las opiniones del mismo.

-Frecuentes silencios e intervenciones espaciadas en conversaciones informales con tentativas en torno a los temas que el afectado maneja con mayor comodidad.

“entonces, ¿qué has dicho que editabais, ehh-cuál era tú nombre?”

“no sé si conoceréis esta revista. Me han publicado hace poco un artículo, muy bien maquetada además… “

“aah, Oporto. Sí, ahí estuvo un colega exponiendo en un bar del extrarradio, cómo se llamaba… no sé, era algo de fotografía documental. No es mi género, pero seguro que estaba chulo. “

[…]

Actitudes en cuanto al ocio personal

Nostalgia de la edición crítica: en una obra literaria adquirida para el llamado entretenimiento, se da por parte del afectado una expectación nerviosa de prólogo y notas al pie. En casos extremos, el afectado llega a obviar el cuerpo del texto.

-trascendentalización e idealización del ocio cultural. (ver capítulo 2)

-adjetivaciones frecuentes del tipo sublime, maravilloso, y sustantivos como homenaje, revisión o relectura. Muy frecuente en (ver punto anterior) interacciones sociales unidireccionales.

 

Otros síntomas

-tendencias depresivas.

-delirios de grandeza.

-ínfulas literarias.

-cuadro apático frecuente.

-cansancio generalizado.

*por tratarse de pacientes en actual tratamiento, la fuente de los ejemplos citados permanecerá oculta .

Paseos dominicales, felicidad conyugal

Dado el siguiente fragmento textual:

SEÑOR DON: ¡Y eso qué más te da! ¿No eres feliz junto a tu esposa? ¿No

tienes un sueldo decente que no te permite morirte de hambre? ¿No

descansas los domingos y hasta paseas por las tardes? ¿Qué más quieres? ¿Carrozas y lacayos?

HERMENEGlLDO.- ¡Quiero tener el corazón y el hígado en su sitio!

SEÑOR DON.- Así sois los hombres. ¡Cuanto más se os da, más queréis!

Malditos seáis, perros ambiciosos. Maldito sea vuestro destino. ¿Qué

pretendéis? ¿Que las vacas sean más hermosas? Pues no lo verán vuestros ojos. Yo soy el señor importante. jYo he decidido ser la mano justiciera que ponga las cosas en su sitio! Y no consiento indisciplinas.

Elige, Hermenegildo. El mundo así y tu bienestar para siempre, o el

mundo del derecho y mi persecución implacable.

Carlos Muñiz, El caballo del caballero.

Ejercicio para el lector: atendiendo a las teorías vistas en clase, comente el concepto de espectador y de estética de la recepción que impera en el tono general del texto, prestando especial atención a su capacidad supuesta de abstracción y comprensión de la obra.

Identifique y comente convenientemente, en el plano literario los conceptos maniqueísmometáfora barata y obviedad, teniendo en cuenta el papel de la censura en la época. Valore convenientemente la inteligencia receptora del censor.

Opcional: comente, según el texto, el concepto obrero de derechas, su evolución a lo largo del periodo democrático y sus preferencias en el ocio cultural. Justifique su existencia en cinco líneas.

 Tal como  éramos, Hostal Proust Ediciones, (volumen en preparación).

Escuela de idiomas

No hay que empeñarse en que nuestros niños hablen más lengua que la castellana, que es la lengua imperial de su patria. El francés, el inglés, el alemán, el italiano deben estudiarse como el latín y el griego, sin ánimo de conversarlos. Un causeur español, entre franceses cultos, será siempre algo perfectamente ridículo; vuelto a España al cabo de algunos años, será un hombre intelectualmente destemplado y disminuido, por la dificultad de pensar bien en dos lenguas distintas. ¡Que Dios nos libre de ese hombre que traduce a su propio idioma las muchas tonterías que, necesariamente, hubo de pensar en el ajeno!”

Antonio Machado, Juan de Mairena

Ejercicio para el lector: analice, ilustrando con ejemplos, el concepto de ridículo y su evolución hasta el momento actual.

A la luz de su propia experiencia en la educación recibida en cuando a idiomas, discurra en torno al mismo concepto, unido al de docenciadestempledisminución.

Ejercicio opcional: relate con sus propias palabras lo que hubiera significado una clase de conversación de lengua extranjera impartida por un nativo en el momento de su educación temprana, los temas tratados, etc. Se valorarán la imaginación y las licencias poéticas. 

Tal como éramos, Hostal Proust Ediciones, 2012- (Volumen en preparación)

Humor after-hours

Tampoco acortaría a timo lo que se presentó como Ultrashow Timoteo-Timotei. Pero la actuación de Miguel Noguera la madrugada del viernes en la Galileo Galilei se quedó corta de miras.

La hora no ayudaba mucho, más cercana a la de un late-night que al prime-time con que abarrotó la cafetería del Matadero el pasado mayo. Aun con entradas agotadas desde la semana anterior y un público acérrimo y fiel que le ríe todas las gracias, falta algo.  Falta esa sensación de estar encerrado con un loco que en cualquier momento te va a soltar una bomba de ácido que se lleve tus reservas y convenciones por delante en una explosiva carcajada.

Me río, por supuesto. Es imposible no reírse con su vis cómica, con sus gritos vehementes, con la cara tan seria con que te explica lo que pasa por una cabeza en la que no nos gustaría estar a ninguno. Pero no es la misma risa que me arranca Ultraviolencia, no es la misma risa que me estalló la última vez que pude verle. Noguera explica su lista de ideas y se recrea en ellas, pero es esa explicación la que me resta el ritmo trepidante de los dibujos inesperados y locos que ocupan la segunda y mejor parte del show. La tercera y última etapa, en la que vuelve a las explicaciones de su peculiar universo plagado de gatos con patas delanteras muy largas, curas con cuello de toro y cruces muy profundas, se hace divertida y con la fluidez indiscutible de algo que se ha hecho muy bien y muchas veces. Y es ese precisamente el mayor defecto que le vi: que no hay sorpresa. Y una colleja que ves venir de frente no puede provocar una descarga adrenalínica.

Si la cosa es quejarse


Tiemblo al pensar en el avance imparable de la novela. Las páginas impresas, sin alma ni aliento, adueñan las mentes de los lectores, que devoran ávidos la tinta […] qué fue de aquellos poemas manuscritos, de aquella belleza de la letra propia con que los poetas y literatos, flor de nuestra cultura, deleitaban el cuerpo y el alma […] no hay duda de que pronto nos devorará lo producido por ese invento del mismo Diablo […] . Pronto, sin duda, habrá más novelas que lectores.”

Carta al director de El Diario de Madrí (fragmento). Madrid, s. XIX (fecha sin determinar).

Tal como éramos, Hostal Proust ediciones (volumen en preparación).

Ejercicio para el lector: opinión breve y argumentada sobre el tema.

Algún día alguien leerá todas las alarmas que se vienen activando en torno a la literatura en Internet y se asegurarán los programas de humor por los siglos de los siglos. Mientras, podemos seguir aspirando el olor del papel rancio como si se tratase de materia colombiana sin cortar, pero no podemos negar la evidencia: hace ya un tiempo (como quince años, así que no nos pilla de sorpresa) que lo tenemos aquí (Internet, no la droga, aunque comparta algo de ambas). Negar esa realidad es negar la rueda, la luz eléctrica o que la Tierra gira alrededor del Sol. Aunque siempre haya quien se fustigue por ello.