Feo como un dinosaurio y bella como un hada

Hace unos meses, en la asignatura de redacción que imparto, se me ocurrió dedicar una clase a las comparaciones y metáforas más comunes en español. Pelo de oro, dientes como perlas, más feo que Picio, esas cosas. Lo gracioso vino cuando les pregunté yo con qué compararían, por ejemplo, el pelo negro. Con el sésamo, dijo uno. Pero si el sésamo es color arena claro, pensé yo (sí, yo digo color arena claro, salmón salvaje y moco verdoso). Y los ojos azules, pregunté. Ojos azules como el mar, me respondieron. Y yo pensando que a ver cómo les explicaba a estos muchachos que la mayor parte de los poetas o simples nativos ligones comparan el mar con esos ojos verdes relativamente raros entre nuestros tíos buenos meridionales…

Así que pasamos un buen rato comentando esas pequeñas diferencias culturales e idiomáticas que se traducen en calcos gramaticales imposibles o en divertidísimas metáforas. Porque provenimos de culturas tan diferentes que algo tan simple como este diálogo típicamente veraniego:

-Tía, estoy como la leche.

-¡Qué va, si estás negra!

Para mis admiradoras de las baifumei puede resultar completamente insultante.

Aunque eche pestes a veces de la enseñanza, de las horas que paso corrigiendo redacciones o de este horario infame que nos obliga a personarnos en el aula a las siete cincuenta de la mañana, luego con estas cosas me lo paso pipa. Les pedí que me enumeraran algunas metáforas y comparaciones que usan normalmente y los resultados son bastante curiosos:

La piel, indiscutiblemente bella cuando es blanca, se compara con la nieve o con la leche; mientras que cuando la piel es negra “no se distingue en la noche” (黑得晚上都看不见) .

No sé si es positivo o negativo, pero desde luego que te comparen tus sensuales y gruesos labios con una salchicha es un tanto peculiar: 香肠般的嘴唇。

Nuestro “más bonico que un San Luis” tiene su equivalente en Pan An, una especie de sex symbol de época antigua a la que las mujeres arrojaban fruta cuando pasaba  貌若潘安; mientras que  al típico vivalavirgen mantenido por alguna mujer rica prendada de su belleza se le llama “carita blanca”: 小白脸。

Los ojos castaños se comparan con nueces o lichis, y los pequeños con hilos: 眼晴小得跟条线一样。

Por supuesto, estos son solo algunos ejemplos. Con el español, coincidimos en el pelo de oro (de hecho, rubio en chino se puede decir 金发,literalmente, “pelo de oro”), en la cara de caballo, en ser fuerte como un oso o un toro o en las miles de comparaciones de ojos con piedras preciosas que tanto han ayudado en todo el mundo a llevarse a alguien al huerto .

Mis favoritas, sin duda, son las negativas: ser plana ·como un aeropuerto· me parece tan cruel como maravillosa. Y no sé qué habrán pensado los prehistóricos reptiles de los chinos, pero desde luego que estos no piensan muy bien de aquellos cuando dicen que alguien es feo como un dinosaurio. Aunque viendo lo que tienen en los museos de Ciencias Naturales, quizá no les falte razón…

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Cuando conocí a las vecinas del barrio

Estoy sentada en el sitio de honor del sofá de una casa que no conozco, rodeada de quince alumnos. A mi izquierda, el decano, y frente a mí, tres señoras con edad para ser mis madres adoptivas que nos han calzado antes de entrar fundas de plástico para los zapatos.

Es un típico miércoles a la hora de la siesta y a mi jefe se le ha ocurrido la brillante idea de organizar una visita guiada a ¿un museo? ¿un templo? no, mejor: a un 小区(xiaoqu) o barrio residencial recién construido en la calle de al lado de mi universidad.

Así, yo puedo contarles cómo es la vida en España y ellas pueden contarme lo bien que se vive en este barrio de Pudong que lleva año y medio siendo también el mío. Ellas me hablan en mandarín (con acentazo shanghainés) y yo les respondo en español, y los alumnos, por turno, van traduciendo cada uno una frase. Los pobres sudan tinta y yo me siento una especie de ministra con calzado de hospital. Lo que no les puedo decir a mis alumnos es que estoy entendiendo todo lo que me están diciendo la señora Lu y sus compinches. Me hace ilusión, pero me hago la laowai y pongo cara de no enterarme aunque de vez en cuando se me escapa alguna traducción más precisa que Mila, sentada a mi lado, me agradece con una sonrisa de alivio.

Después de hora y pico hablando (o algo así) sobre el cuidado de los ancianos, las costumbres gastronómicas, horarios o la edad a la que se casa la gente en los diferentes países, la señora Lu, la traidora señora Lu, dice que bueno, que ahora todos están esperando a que la amable profesora extranjera nos cante una canción en español.

Cómo será mi cara que todos mis alumnos se dan cuenta de que lo he entendido.

Farfullo. Balbuceo. Es que mi garganta. Es que mi voz. Es que shenme. La verdad es que, sencillamente, dudo que ahora mismo me venga a la cabeza una canción entera en mi bonita lengua materna. A mí, que el día anterior estuve intentando aprenderme un rap en dialecto de Chengdu.

Miro a mi jefe, a ver si me echa un capote, o algo. Así que ahí estamos, mi decano y yo, a las tres de la tarde, cantando Cielito Lindo con los alumnos haciendo los coros delante de esas amables señoras shanghainesas que aplauden, preguntan por el tema de la canción y después nos sacan chocolates y mandarinas y nos las reparten con mucho alboroto. Nos prometemos que un día haremos empanadillas juntas y todo eso que se dice en los paripés sobre las familias, estar lejos, el extranjero y lo encantados que estamos de habernos conocido. Otra de las señoras (creo que la señora Zhang) me mete un tomatito cherry directamente a la boca. Creo que ya he tocado techo.

Paseamos por el parque como si fuera un jardín de la dinastía Ming, yo escoltada por Mila, Cintia y Estrella, mis niñas  de tercero, que me re-traducen que esa flor es el símbolo de Shanghai o que ese paseo se usa para caminar descalzo porque es bueno para la salud.

Pudo haber sido peor: el otro grupo fue  a ver unos bailes tradicionales de no sé qué minoría, y que el pobre Rayo, al que sacaron a bailar, ahora es famosísimo en RenRen.

A la próxima, creo que me aprendo el rap. Ya puestos a hacer un paripé, vamos a hacerlo con estilo…

¿Las marías a la Laowai?

Es jueves y he quedado (después de otra reunión, porque últimamente no paro con las reuniones) con Alejandro, que además de ser uno de mis mejores amigos, da clase de cine en la Shanghai Film Academy. Hemos quedado para unas cervezas en el Helen’s y de paso, discutir los detalles de un curso de cortometraje low-cost que quiero que imparta y también para reunirnos por Skype con Paulina, otra coordinadora del cineclub que presento y organizo desde hace unos meses. Por supuesto, antes de ponernos a ello nos pasamos media hora divagando.

Estamos en medio de la reunión, vamos por la segunda Tsingtao y se me ocurre abrir el correo. Y zasca. Los temidos mails de mi jefe. El decano Chen me informa de que “debido a las quejas de los alumnos de segundo curso”  (sic) me cambian la asignatura de Audición, que llevaba dos semanas impartiendo, por la de Lectura de Prensa Extranjera con los ya conocidos chavales de tercero. Por mí de puta madre. Pero a las dos semanas de haber comenzado el curso esto es lo que conocemos como una señora putada.

Cuando acababa de llegar, todo esto me cabreaba y me hacía sentir bastante inútil. Ahora que ya estoy acostumbrada y que mi capacidad improvisatoria ha mejorado un poco, ya solamente me cabreo. Más que nada porque el señor decano me recuerda “la importancia del examen que van a llevar a cabo los alumnos del segundo curso” con lo que es mejor, claro está, que esta asignatura no la imparta un profesor extranjero.

Recapitulemos. Ya había dicho aquí alguna vez que en segundo y al final del grado en cuarto, los alumnos de la licenciatura de Español tienen que pasar dos exámenes a nivel nacional que miden sus conocimientos de gramática, lectura, cultura, comprensión auditiva y expresión oral. En teoría. El caso es que la parte de expresión oral es un monólogo de cinco minutos que se traen aprendido y masticado de casa y la parte de gramática está resumida en preguntas de tipo test, mientras que la parte de cultura (que, proclamo, no conozco a casi ningún nativo que pudiera contestarlas bien todas) no aparece hasta el examen del último curso.

Todo esto hace que:

1)      Los alumnos de segundo curso estén completamente acojonados por este examen.

2)      Todos  los alumnos de licenciatura se centren en aprobar ese examen más que en aprender algo.

3)      Cuando hablo del DELE alguna vez, haya quien me pregunte que si el nivel X de DELE equivale al nosecuántos del examen nacional.

4)      Los alumnos que no tengan un examen nacional a la vista se vuelvan completamente vagos.

Este tipo de actitudes y de cambios me hace pensar en la necesidad real de que tengan un profesor extranjero para asignaturas pensadas por chinos y estudiadas con un método tan chino que a los que llegamos de nuevas nos parece que acabemos de llegar a Marte. ¿Alumnos de clase de Conversación (que siguen diciendo “feliz la fiesta” “una restaurante” y “hace mucho tiempo no verte”) trayéndose un texto aprendido de memoria? ¿Alumnos dormidos y roncando en clase? (estoy segura de que las quejas son porque a uno le eché una bronca descomunal delante de sus compañeros y el caballero no sabía si llorar o limpiarse las legañas primero). ¿Alumnos a los que si no les dices que esto cuenta para las notas de clase no tocan un bolígrafo en los ochenta minutos?

El caso es que lo hago lo mejor que puedo. Y en el fondo de mi corazoncito de laoshi sin vocación, creo que les viene muy bien tenerme como profa, a mí y a otros extranjeros, y no solamente porque les podamos explicar que la Zarzuela es un palacio y no sólo un género musical o que tengan mucho cuidado con el verbo coger, sino porque además, podemos comprender, sobre todo los que sabemos chino, las imprecisiones semánticas, las expresiones calcadas y las traducciones directas que a veces me hacen descojonarme cuando estoy corrigiendo redacciones. Tampoco en la universidad se aclaran mucho con lo que quieren de nosotros. Si nos quieren para dar una clase que no están seguros si sus alumnos comprenderán o si nos quieren como apoyo en las clases importantes de un programa que, en el caso de mi bienamada universidad, parece que lo montaron en medio de una reunión regada con baijiu.

Y ya estaba yo encabronándome cuando caí en que Alejandro estaba allí conmigo, que estábamos tratando de organizar cosas juntos que sonaban muy bien, que Paulina estaba preparada para conectarse desde Abu Dhabi y que era de esto en lo que tenía que poner las energías que estaba empezando a gastar en cabrearme, así que brindamos, le pegamos otro trago a la Tsingtao, abrimos los cuadernos y nos pusimos a ello.

Pues encima, le dije a Alejandro, que también tiene que lidiar con el sistema universitario chino, el horario que se me queda es incluso mejor que el que tenía antes. Y si es lectura de prensa, algún artículo de El Mundo Today no va a desentonarme… 

El examen que nunca pondré a mis estudiantes (por desgracia)

I. Gramática.

1. Elige las palabras adecuadas en su forma correcta (15 puntos):

Hijo de puta      Cabrón                 coñazo                                 vacilar                   De puta madre                 polla (2)                              madre                  cagar                     correrse              pedalear

Cojonudo           pringado             joder (x2)

-Podrías apuntarte a un gimnasio.

-¿Ves mi dedo? Súbete aquí y ________.

-No sé qué me pasa últimamente que no consigo ________ a no ser que la chica me insulte.

Ramón es un __________. No te vas a creer lo que me ha hecho: se ha estado acostando con mi mejor amiga todo este tiempo.

-¿Qué tal el concierto?

-Fue la _________. Tocaron un montón de canciones nuevas y una versión _________ de Radiohead.

-¿todavía sigues saliendo con el soso de Pepe? ¡No ________! Si es un ________.

-Esta película es un _________. A los actores no hay quien los aguante.

-Tío, me tienes hasta la _________. Decide de una vez lo que quieres hacer y no me marees.

-No le hagas caso. Te está __________.

-¡Me __________ en tu puta ________, ___________! ¡Casi me matas!

2. Relaciona los ámbitos con las palabras que pertenecen a los mismos. Los ámbitos son: Sexo, Enfado/insulto, Drogas/alcohol o Apreciativo/admirativo.  (10)

cabrón

cabronazo                                               ponerse

polla                                                    coñazo

Hijo de puta                                            follar

Capullo

3. Explica cómo se han formado las siguientes palabras y explica sus significados (10 puntos)

Cierrabares

Comebolsas

Pagafantas

Muerdealmohadas

Soplanucas

4. Explica la diferencia de significado (si la hay) entre las siguientes palabras (10 puntos):

Zorro/zorra

Lobo/loba

Cerdo/cerda

Perro/perra

5. Explica los dobles sentidos de las palabras en negrita (10 puntos):

El otro día Felipe se puso moradísimo. No paró de hacerse rayas en toda la noche. Le gusta la nieve más que a un esquimal.

No soy muy aficionado a la hierba, pero este fin de semana Carlos había conseguido buena maría y estuvimos en su casa viendo películas y fumando hasta las dos de la mañana. Después llegaron unos amigos suyos con algo de harina pero al pobre le dio un amarillo que se quedó muñeco en el sofá. Yo terminé fino. Tengo que dejar de quedar con ellos, son unos colgados.

II. Comprensión

1. Lee el siguiente texto y contesta a las preguntas:

Nace el primer valenciano con sangre de horchata

El primer valenciano con sangre de horchata ha nacido hoy a las tres de la madrugada en el Hospital San Francisco de Borja de Gandía.

La criatura, que ha pesado 1’8 kilos, ni siquiera ha llorado durante el parto. “Nos ha mirado y se ha encogido de hombros como diciendo ‘Bueno, pues vale’”, ha explicado el ginecólogo, que ha tenido que convencer al pequeño para que respirara.

El alumbramiento es el fruto de un experimento liderado por el equipo del doctor Vicente Rubiales, pionero en fecundación con chufa. Los padres que se ofrecieron voluntarios querían un niño “cien por cien valenciano”, y les pareció buena idea que la horchata corriera por sus venas.

“Nos hubiera gustado también que naciera quemando cosas, pero los niños con sangre de horchata no tienen demasiada iniciativa, y para quemar cosas hay que tener nervio”, explica el padre.

La madre gestó al feto poniéndole canciones míticas de la ruta del “bakalao”, aunque los médicos ya advirtieron de que el niño no sería muy dado a mover el esqueleto por su carácter pusilánime.

El pediatra cree que el bebé podrá probar mañana su primera paella valenciana, aunque habrá que acercarle la cuchara a la boca y mantenerle erguido para que no se deje caer en la cuna con desgana.
(El Mundo today, 13 junio 2013)

1. -Extrae los tópicos que aparecen en el texto sobre la cultura valenciana y coméntalos. ¿Hay alguno que comparta tu cultura? Di cuál. (10)

2. -Explica lo que quiere decir “ruta del bakalao” en el texto y sus principales exponentes. (15)

3. -Escribe un texto similar basándote en tópicos sobre tu propia cultura. (20 puntos)

Yo ya no sé si voy o vengo

Sigo sin acostumbrarme a las despedidas. A las visitas fugaces. A los “entonces, ¿vuelves a irte?” y a los “hasta el verano que viene” que han sido la banda sonora de este mes y pico que he pasado en España entre amigos con la amarga sensación de que me faltaba el tiempo.

Sigo sin acostumbrarme a pensar que sólo podré celebrar los cumpleaños de los que nacieron en julio o agosto, que no podré asistir más que virtualmente a lo que les pase este año y al hecho de que, para ellos, me he convertido en una especie de visitante ocasional de sus vidas y de la que saben algo, cuando saben, por esas fotos en las que pocas veces se ve el cielo.

El caso es que ya estoy aquí y, como cuando vas de visita a casa de tus padres, ya sé dónde está todo. Cuando llegué, hace dos semanas, el campus hormigueaba de estudiantes uniformados. Pensaba que lo habían tomado una especie de fuerzas cuquis cuando descubrí gracias a las fotos de Dave, un compañero del departamento de inglés, que se trata de unos ejercicios militares que los pobres estudiantes tienen que hacer a pleno sol (y humedad) de agosto.

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Después de una de esas reuniones de departamento diseñadas especialmente para presionarnos, hemos comenzado el curso. Me han asignado dos clases, también de tercer curso, y no me libro del manual bautizado por un antiguo alumno como Coñazo 4 ni a tiros. Los chicos ya me conocen de vista (así me ahorro los “oohh” y “ahhh” que causé el año pasado en mi primer día), y ya empiezo a aprenderme sus nombres, aunque cada vez que miro a Rayo (sí, se llama Rayo) le visualizo travestido de señora shanghainesa en la función de Navidad del año pasado…

Ahora, después de alguna que otra despedida más (porque aquí una constante son los amigos que se van), toca reencontrarse con los que se quedan. Reencontrarse con esta ciudad que me sigue sorprendiendo cada día, para bien o para mal. Seguir hablando con mi profesora de chino de curiosidades y chorradas mientras repasamos gramática. Ponerme el culo de hierro en clase de Pilates. Y conseguir que un crío de nueve años aprenda español. Conmigo.

Socorro.

Apuntes sobre la universidad china

Ayer terminé de preparar los papeles para el Examen de Medio Semestre, lo que indica que mi estancia aquí se va acercando al final. O a la mitad. El caso es que me dio para pensar un poco, y comparar, con la enseñanza universitaria que he recibido yo, y aquí van algunos contrastes y diferencias que he notado en la universidad privada china donde enseño. La mayoría de ellas, por no decir todas, no me las ha explicado nadie.

  • La enseñanza se divide en semestres, no en cuatrimestres como la nuestra. Vale, esto no es especialmente raro, ya lo sé.
  • Las clases comienzan un 3 de septiembre y terminan un veintitantos de junio. Los exámenes se prolongan hasta principios de julio. Ni que decir tiene que empiezo a explicarme por qué en las clases no hay sistema de calefacción pero sí ventiladores.
  • El horario es mucho más temprano que el de España: las clases comienzan a las ocho de la mañana, y terminan a las cuatro de la tarde, con una pausa de ¡10:50! a 13:00 para comer. Hay clases por la tarde, y a los de primero, por lo que deduzco al verles de noche en las clases, les obligan a estudiar.
  • Por lo que sospecho,  los alumnos de primero están obligados a tomar parte en algún club deportivo (taekwondo, ping-pong, kárate, lo que sea). Además, tienen horas de deporte obligatorias como parte del programa de su carrera, sea la que sea, durante los dos primeros años.
  • Las clases duran ochenta minutos. Además, cada clase no se considera una clase, sino dos. El otro día, mi colega la profesora china decía que estaba muy cansada porque había dado “seis clases”. En el mismo tiempo que yo, que consideraba que había dado tres. No sabía si considerarla una superwoman o una esquizofrénica hasta que me lo explicaron.
  • Es perfectamente lícito desayunar en clase. Eso incluye baozis, huevos cocidos (que llevan dentro de una bolsa y pelan durante la clase), yogures para beber, tés, cafés, refrescos o una especie de bolas de tofu metidas en salsas variadas. Y no comen fideos porque eso ya es para la hora del almuerzo.
  • Los alumnos ven perfectamente normal sacar fotos con el móvil a la pizarra. Como todos llevan fundas de móvil muy chistosas, me lo paso divinamente cuando de pronto me saluda un Bob Esponja, un conejito o un oso gigantesco.
  • La mayoría ve perfectamente normal poner animaciones kawaii en los powerpoint de los trabajos de clase. Así, uno se puede encontrar con Batman bailando el Gangnam Style, ositos amorosos o cualquier cosa imaginable en una presentación sobre la Guerra Civil.
  • Los alumnos tienen que sentarse donde les está encomendado y no pueden cambiarse de sitio. Si les pido que se levanten, me van a mirar como si les hubiera pedido un doctorado.
  • Los alumnos tienen que pedir permiso para ir al baño. Cuando salen o entran, lo hacen muy deprisa, de puntillas y agachando la cabeza, como si eso les hiciera invisibles.
  • Clase que se pierde por puentes o fiestas nacionales, clase que se recupera. Eso significa que, para tener cuatro días de fiesta durante la semana, deberé trabajar sábado y domingo de esta semana y el domingo de la siguiente. Estamos todos con-ten-tí-si-mos.
  • Los alumnos deben tomar parte en todo sarao o actividad cultural que se organice, ya sea cantar, presentar una gala o hacer ver que son felices. Esto último puntúa más.
  • En cada semestre hay dos períodos de examen, el “medio” y el “final”. Ambos son tan oficiales y solemnes que semejan más  un examen de Selectividad: se realizan en las aulas más grandes, y deben dejar TODOS los abrigos, mochilas, etcétera, atrás. Y algunos se ponen tremendamente nerviosos, como si no llevaran tres años haciendo lo mismo.
  • Cada examen debe tener un equivalente de recuperación, llamado “papel C”, que será, por ley (os juro que me obligan) más fácil.
  • Los exámenes son sábanas pliegos tamaño A3, lo que los hace tremendamente difíciles de acarrear, corregir o simplemente pasar las páginas.
  • La calidad del papel es ideal para que se rompan con una mirada.
  • Se puntúa sobre 100 y la nota mínima para aprobar es 60. Adiós al cinco raspado.
  • Los alumnos suelen vegetar medio dormidos hasta que de pronto ven las orejas al lobo y entonces se muestran interesadísimos y solícitos.
  • Los alumnos pueden escribir cartas al profesor en las que le ruegan que le aprueben porque “nunca he suspendido” “si suspendo tengo que pagar la asignatura y no tengo dinero” (sic).

Con todo esto, ¿es verdad eso de que los chinos trabajan más? Pues no sé. Los habrá, claro, y tengo a algunos en clase que son un vivo ejemplo. Pero yo creo que a la mayoría más bien les obligan. Aunque mis alumnos de buena gana se pasarían el día viendo series, comprando por Internet o echándose siestas (en lo que ocupan gran parte de su tiempo libre los fines de semana), no les dejan hacerlo. Su sistema de enseñanza, y por tanto de concepción de la vida, es mucho menos flexible que el español, donde cualquier momento es bueno para el noble arte del escaqueo o para irse de puente en puente. Ojo, no digo que lo nuestro sea lo mejor. Solamente digo que, en aras de la eficiencia y las causas comunes, a veces todo me parece un tanto impostado, y cuesta sacar la personalidad y la creatividad de cada uno detrás de esa masa que es el grupo. Por no hablar de los exámenes, que parecen muy difíciles, pero al final resultan estar hechos para que absolutamente todos aprueben.

Como me dijo un profesor de inglés, “aquí no les gusta que los críos suspendan”. Los críos. Los críos están en edad universitaria, que para Europa y Estados Unidos es la edad mínima para todo lo que se considera adulto, ya sea conducir, beber o quedarte dormido un día de clase. Pero aquí parece que no. Que no les tratan como a adultos. Y ellos no están acostumbrados a que se les trate como tales. Si no les pides tarea no toman nota. Si no les pones nota numérica en las tareas, se la pasan por el forro. Dan grititos de sorpresa y paverío cuando aparece un desnudo aunque sea la Maja de Goya. Y me pregunto cuántos de ellos quieren realmente estudiar español, aunque yo vaya a cobrar igual. No sé cómo será en las universidades públicas chinas, si será igual o peor, pero si hay algo que me fastidia de la enseñanza universitaria, es ese control paternalista que todos sufrimos, desde los alumnos a los profesores, que todos toleramos y del que ellos parecen pensar que es perfectamente normal. Y eso es con diferencia lo que más me asusta.

¿Pero por qué han hecho esto así, diosmío?

Cuando estás preparando las clases, piensas que el esfuerzo que estás haciendo se traducirá en un perfecto entendimiento. Que tus alumnos asentirán sonrientes a cada diapositiva porque su competencia lingüística se va incrementando gracias a la fuerza motriz de una docente tan esforzada y solícita. Que las brillantes ideas que se te acaban de ocurrir para mandarles como deberes serán ejecutadas a la perfección, tal y como te imaginas; y que van a acatar tus actividades extraídas de TodoEle y demás blogs de enseñanza con actitud de vídeo promocional de universidad privada.

Los cojones.

En estos meses, veo cómo cuando les mando alguna que otra tarea me miran con una expresión de What The Fuck muy grande escrita en sus caritas de ojos rasgados.  O se me enredan en disquisiciones y circunloquios copiados directamente de Wikipedia. O, simplemente, no le ven el sentido a intercambiarse los asientos para hacer una actividad.

Y la que se siente más ridícula es la profe, claro. Muy ridícula.  Esto no salía en TodoEle. Qué hago. Y una sigue gesticulando con su mejor sonrisa mientras por dentro llora y patalea y grita ¿¡Pero por qué habéis hecho esto así, diosmío!?

A veces, simplemente, es que ellos no tienen ganas de trabajar. Y es que muchos de ellos, como me han confesado, pasan del tema y vienen a calentar el asiento. Por suerte, no son todos. Pero sí una parte importante y adormilada de mis alumnos, que han ido pasando de curso en gran medida gracias a que esta universidad es privada.

Que sí, que ya sé que dicen por ahí que los asiáticos son los mejores alumnos: pues hay de todo. Tienen cosas en común: miran fijamente al suelo cuando les pregunto, son obedientes aunque no se enteren de nada y si surge alguna palabra relacionada con el amor, se ríen o se dan codazos.

Otras veces es que el ejercicio, por lo que sea, no funciona. Y punto. El sistema de enseñanza que han seguido desde niños es casi completamente distinto del mío, por no decir las concepciones de ésta. Y chocamos, claro. Y es perfectamente normal y la única solución es no dejar nunca de intentarlo.

Al final hay que pasarse a su terreno. Después de que todo chino que he conocido me haya preguntado cinco millones de veces si tengo QQ, me he abierto una cuenta, y otra en Weibo, las principales redes sociales chinas. Las uso para poder para poder pasarles materiales y deberes, preparar contenidos para que se los estudien antes de la clase (que sí, que esto existe) y también para cotillearles un poco las fotos y de paso, stalkeando un poquito, aprender chino y cultura popular en su forma más natural y espontánea. Ni que decir tiene que, por Internet, son mucho menos tímidos de lo que son en clase y hasta me ponen gifs kawaii cuando hablan conmigo.

Y que todas las nubes se disipan cuando, a la salida de clase, hablo con mis chicos de Mogwai y My Bloody Valentine. Cuando me recomiendan grupos de música y cómics. O cuando una alumna, de las más calladas de la clase, me cuenta por el chat que le gustaría ser escritora.